lunes, 2 de febrero de 2026

 

      Arte: Rafael Guízar

Plaza México
‘Me despertó la realidad’
Juan Gabriel

Sentí tristeza al comprender que no fue un sueño…

Bardo 2026

Entre los diamantes de la luna,
oscila una tierra brava y apasionada,
que en su girar se hizo Fiesta torera,
pinturera y ahora altar sin veneración.

Por estas fechas hay que sacar el chal azul con los claveles reventones de la abuelita ¿Conchita?, o del baúl de la nostalgia de Don Susanito, o de ‘El Jitomatero’, o de ‘El Pato’, o de ‘El Teniente’, o de ‘El Charro’, o de Doña Gloria Rizo, pa’ orear el hecho de que la ‘Plaza México’ está cumpliendo ochenta años, muchos de ellos de no dar a luz figuras de luces, ni tampoco luminarias como lo fueran ‘María Candelaria’ o ‘María Bonita’, las de los anecdotarios, como cuando:

La duranguense por la mañana diría:
—Va a ir a los toros con nosotros la princesa Soraya, así que llévate unas latitas de pistaches y de nuez de la India…
Y la emperatriz se la pasó degustando pepitas.

Ya luego vino la época de las vacas flacas y la pregunta ahí seguirá: ¿quiénes volvieron vulnerable a la Fiesta y a la Plaza México?

Y como a alguien hay que cargarle el petate del muerto, veamos si hay carpetas de investigación a nombre de algunos de estos individuos (todos con sus excepciones):

1.    Ganaderos; que bajaron la bravura, le sacaron la lengua al trapío; sus seleccionados llegaron a levantar sospechas de cachirules y nunca dijeron que sus reses salían al ruedo más peluqueadas que un sardo en desfile, aunque la higiene del miedo o fraude se la hayan aplicado fuera de sus terrenos.

2.    Toreros; que ignoraron aquello de “que la vida no vale nada” y, por ende, no se la jugaron como lo mandaba José Alfredo, el que está cumpliendo cien años de parido.
Y lo peor, toreros: ¿por qué se prestaron en ocasiones a lidiar bichos a los que había que matar en el corral con Raid mata-bichos?, ¿por qué ningún coleta salió al tercio y desde ahí negarse a dar un solo trapazo y que los azules se llevaran al bote a todos los jueces y a los chupáramos disque de la comisión por solapar fraudes?

3.    Empresarios; que se hicieron de ganado en el outlet y, por otro lado, trajeron a individuos vestidos de toreros que no toreaban, no transmitían y menos atraían.

4.    Público; que nunca supo rechazar carteles y se conformaba con: “de lo perdido, lo que aparezca”.

5.    Jueces; que permitieron que la puerta de toriles no lo fuera.

La respuesta fue: a los citados en su casa los han de conocer y les hablan de tú.

¿Y qué pasó con los que iban a defender a ultranza a la Fiesta y a las plazas?, ¿o qué, Arroyo no cuenta? Si a la plaza, como en tiempos de la Revolución, donde existía un líder, un cabecilla, hasta un porrista del Atlante, que debió de tener la trinchera en los tendidos de la plaza. Pero ¡no! ahí estaba el consentimiento salteadito de asientos. ¿Quién se iba a meter con una masa de cuarenta mil almas que cada domingo hacían estallar el incontenible ‘Volcán de concreto’ de la Noche Buena?

Que se organizó una marcha, sí, pero no la revolución dentro de la plaza, con el animal ese que es una fiera, el que sube el miedo al tendido, siquiera pa’ espantar a la señora que se la pasaba tejiendo o al tipo que resolvía el crucigrama. Por eso el dictamen fue: murió de aburrición. Ya después nomás la sacaron del recinto… popcorn, kisses, tampax, conejitos de chocolate…

Singin in the rain.

Y ahora vamos con la convocatoria a escribir un himno taurino de México que lanzó el torero Isaac Fonseca, el que irá a la ‘Feria de San Isidro 2026’, a la que tiene que ir a colgarse de los pitones y, si es necesario, sacrificarse en ellos o jugársela. Y a ver si pega con esa forma de torear y de conducirse al estilo pop, y luego a reventar los morrillos pa’ catapultarse hasta el dintel y salir por entre las jambas de la Puerta Grande de la plaza de Las Ventas de Madrid.

Y aclarar que es casi obligación que tiene el michoacano de salir en volandas; nadie se la impuso más que él, el que ha divagado por todos lados reclutando catervas que le hacen el caldo gordo a su promoción personal. Más una tarde el toro le va a preguntar: ¿usted es matador o promotor? Y si la respuesta no gusta, va a volar más alto que los juguetitos de la NASA, los que cuando se salen de órbita bajan bastante desquebrajados. Y si le agregamos las consecuencias de los aterrizajes… en una de esas ni queda huella, diría el Bronco.

¿Y pa’ ahorrarle lectura se podrían incluir aquí las solicitudes de ‘¿Tauromaquia Mexicana’ pa’ un ensayo y un diseño, relacionados con el alboroto de los quinientos años de echar la capa aquí? Nada más una observación: si México fue declarado país en 1821, ¿de dónde salen los quinientos años? Y ya metidos en el enredo de las cifras, si España se constituye como tal en 1812, ¿de qué origen fueron los primeros toros que llegaron aquí en 1526?

Esto de andar rascándole a la historia sin tener comezón va a dar como resultado que se infle eso de las corridas incruentas, que fueron las originales, pues ahora se sabe que los primeros animales no se pasaportaron; de ser así, se hubiera terminado la materia prima rapidito.

Quinientos Años Pozolero

Ahora los invito, más seguro, más marrado, a celebrar los quinientos años y más del pozole, que esos naiden los puede objetar, pues desde en denantes, que los de allende del mar arribaran por acá, ya el dios Xipe Tótec era acreedor a que en su honor, Moctezuma y la raza se zumbaran unas jícaras con pozolli, aderezado con carne humana o de xoloitzcuintle. Y luego los de Iberia, esos que usan sotanas, se pasaron por debajo de ellas un precepto bíblico sobre las pezuñas divididas y el no rumiar de los cerdos… y los guisaron.