domingo, 15 de junio de 2014

SIN TAPUJOS

LOS PADRES DE LOS TOREROS

Bardo de la Taurina                                                         El toreo es solo para los elegidos
Por siempre me he preguntado ¿Por qué existen algunos padres que se empecinan en que sus hijos se enrolen dentro de una profesión que no les va?, como también me hago una serie de cuestionamientos como; ¿Si  los padres de toreros muy en el fondo están conformes con que sus hijos anden en esta fiesta? que es de seda y de oro, de gloria y también de muerte’ y esta disyuntiva me lleva a muchas más preguntas  pero de antemano aclaro que estas no se refieren a todos los padres ni a todos los hijos, subrayado esto y sin orden y ‘Sin Tapujos’ cuestiono: ¿Estarán conscientes los padres que la gran mayoría de sus hijos no llegaran a figuras y quien sabe siquiera si lo serán del primer o hasta del segundo y tercer escalafón,  pero como los que sí lo lograran están en peligro latente de perder la vida, ¿Estarán conscientes los padres de que no siempre  tienen la capacidad, la frialdad y la honradez para juzgar las reales posibilidades de sus hijos?, ¿Estarán conscientes que en ocasiones algunos padres consienten que el hijo  ande en esto por sacarle la vuelta a los estudios y al  trabajo,? ¿O que su vocación va más orientada a darse lija y vivir de la coba y sus mieles?

Luego me pregunto ¿Qué ganan los papás cuya holgura económica les permite comprarles a sus hijos, novillos, toros, alternativas y montarles después corriditas de baja monta en pueblos avivados por ferias chungueras, en plazuelas de trancas o portátiles desvencijadas?, o yendo más allá ¿realmente los señores adinerados en exceso que invierten o mas bien derrochan en comprar ganaderías, en volverse empresarios, construirse su propia plaza de toros creerán que esto es garantía pa’ que el hijo se haga torero?, Y todavía aparte de ello comprarles letras tramposas, inserciones pagadas y voces dudosas para tapar sus fracasos cuando estos se den, para exagerar sus triunfos, aumentar los aforos de los alberos, las orejas y los rabos y el número de almas que a ellos ocurren, como también inflar el ‘trapío’, edad y kilos de los bureles, padres que en la desenfrenada vorágine por hacer al hijo ‘torero’ son capaces de engañar a periodistas de buena fe a través de mil formas como comprarles publicidad que pagan con morralla de humo (el prometer no empobrece lo que aniquila es liquidar) con la que más que tiznar al periodista están tiznando a sus propios hijos, cuando menos en esta columna donde se mide a los toreros con las letras puntillosas o incluso se ignora a los que no tienen más cualidades que ser ‘referidos implícitamente’ con tinta de agua, porque no se puede obligar a escribir de un hijo ‘torero’ cuando no es torero y menos aquí donde los caprichos de los padres no tienen resonancia y que triste ha de ser escuchar como ‘andara de pazguato  ese “torero” que ni el Bardo se ocupa de él’,   sin olvidar el asunto de las conciencias de los jueces  ¿merecen esos hombres ser llamados o ufanarse de ser padres de toreros?

Afortunadamente existen otro tipo de padres unos con dinero y otros sin tantos, porque eso que quede claro, tener dinero, no es un pecado ¡Que va!; Serenos, coherentes, centrados, cultos taurinamente, entusiastas, bien asesorados, honrados consigo mismos y con sus hijos, padres que llevan su rol incluso hasta el sacrificio moral y económico  en el sentido de subsanar los gastos de aprendizaje, avíos, ropa, viajes, viáticos, que ¡ojo! eso es muy distinto a comprarles a los hijos una carrera, pues repito; los toreros jamás se hacen con hartos ceros en la chequera por la simple razón de que los toros ni saben leer, ni menos entienden de cantidades.

Así que en este día dedicado a reconocer y honrar al Padre vaya mí en ¡Hora Buena! a esos padre que entregan su vida hasta el sacrificio o incluso llegan a convertirse en mártires de la Fiesta de Toros y Toreros, en aras de apoyar, luchar e impulsar a sus hijos que nacieron se les desarrollo o les creció su afición y cualidades por la torería, a ellos; mi respeto y admiración  ¿y porque no decirlo? también mi comprensión porque ser padre de un torero es lidiar día a día con la zozobra, el temor, lo desconocido, la incertidumbre, la paciencia y torear a la fe y a ellos les reconozco en lo más profundo sus sufrimientos, el dolor o la vergüenza que han padecido en  ocasiones por la falta de valor y entrega del hijo en el ruedo (¡Recuerdos Juncal!), padres a quien he visto llorar por fuera y sentido por dentro, producto de la rabia por las injusticias que en esto son como el pan de cada día , padres que son capaces de ofrendar en trueque su vida por un rasguño del hijo vulnerado, padres que mantienen encendida la votiva de la fe, padres que en quicio de la Puerta de Cuadrillas santiguan al hijo ‘En el nombre del toreo, en el del Valor y en el del Arte, amén. A todos ellos que son bien padres ¡Feliz día del Padre!

Y por favor que nadie me vaya a decir ¡Bardo, pero si tú no eres padre de un torero! porque tienen razón, solo soy hijo de un padre que fue torero, el cual una tarde de tres avisos me dijo con voz firme y a la vez amorosa “Hijo deje esto ahora que puede, tenga dignidad y acepte como yo lo acepto que usted no nació pa’ ser torero y menos una figura, un elegido” ¡Gracias Padre! Por haberme evitado ser un hazme reír, un vago, un usurpador, un padrote de luces, un chufla, un causa lástimas, un lisiado, o un perdido en la fosa común de un pueblo de esos de la legua por donde ni siquiera paso el Nazareno pero sobre todo por evitar que usted con su dinero yo le robara un capotazo a un torero de verdad, una oportunidad, un paseíllo… ¡Eso es ser Padre de un Torero!

NO ES NECESARIO

EL ACTA DE DEFUNCIÓN

Víctor José López  ‘EL VITO’
                       Luis Miguel Dominguín y Bosé
 

Hubo quien ha confundido la misión del “padre del torero” con la que por años ha tenido “la madre de la tonadillera”.

 El primero busca la gloria de su hijo, porque cree tener la llave de la sabiduría en la profesión, mientras que la función de la señora es la de un mastín guardiá para quien pretenda robarle su alhaja.

Imagino que por esa circunstancia fue que Domingo Dominguín era reiterativo en aquello de que, “para ser figura del toreo, lo primero que tienes que tener es el acta de defunción del padre del aspirante a fenómeno”.

Sin estar de acuerdo con el maestro González Lucas, mucho de razón tiene lo que para Dominguito era un axioma.

Y eso que Domingo, como Pepe y Luis Miguel eran hijos de un grandioso taurino, Domingo González Mateo “Dominguín”. Tan buen taurino como lo fue don Manuel Mejías Rapela “Bienvenida”, fundador y forjador de la dinastía de los hermanos Pepe, Rafael, Manolo, Antonio y Ángel Luis Mejías Jiménez, los Bienvenida.

La situación de guardián ha existido desde el alba de la fiesta.  Como ejemplo don Fernando Gómez, padre de Rafael el Gallo y de Joselito. Seguros que de no haber estos geniales artistas nacido y crecido en ese mágico gallinero de Gelves, no habrían sido toreros.

Hoy los ejemplos son varios. Cada niño genio tiene un padre que sabe cómo debe conducírsele “para que sea figura”.

El más cercano a mi experiencia fue don Simón Antich. Buen aficionado, político efervescente y un gran padre de familia. Sus hijos desde muy jóvenes se abrieron caminos hacia las aulas universitarias, con la excepción de Eduardo.

Eduardo Antich despuntó por artista, más que por torero valiente, desde el inicio de su carrera. Conociendo don Simón el “Talón de Aquiles” de su vástago, se convirtió en su Ángel de la Guarda, siendo más un gladiador que un santo custodio.

Antich, con innegables condiciones para ser torero, tuvo que abandonar la custodia familiar para hacer carrera. Fue a México, apoderado por el periodista José Jiménez Latapí, el terrible Don Dificultades.  En el campo bravo mexicano se internó en el rancho de la ganadería de Peñuelas, donde se preparó para su presentación en la Plaza México. Algo tendría el agua para que la bendijeran pues Antich viajó a Barcelona, España. Le representó don Pedro Balañá. Hizo campaña en ruedos españoles y alcanzó el grado de matador de toros en Colmenar Viejo con Curro Caro de padrino.

La actitud posesiva de don Simón, sobre su hijo torero la he visto repetirse en los casos de Emilio Muñoz y de Julián López “El Juli”, quienes como Antich tuvieron que renunciar a la custodia de sus padres para poder ejercer con libertad de acción en sus carreras como matadores de toros.

No siempre ha sido así.

 Ejemplos hay muchos, muchos y diversos, y por ello recomiendo no hacer caso de la recomendación de Dominguito Dominguín.  Así que, por favor, toreros y padres de toreros festejen como Dios manda el Día del Padre.


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