Fermín Rivera todavía no triunfa ni
medianamente en la Plaza México y ya lo
quieren llevar a confirmar a Madrid, supongo que con ese entusiasmo desbordado se estará pensando en
la corrida de la Beneficencia, con los de Victorino Martín, llevando como
padrino a Enrique Ponce y de testigo a
Morante de la Puebla, eso es lo menos que merece en recompensa a su seriedad y
técnica, deben de pensar sus ‘fans’, más la prudencia, la sensatez, la cordura,
la mesura y algo de entendimiento de lo que es el toreo, me da la impresión que
no concuerda con los legionarios de la orden de los ‘Riveristas de la Pureza’,
más si hay que reconocer que este domingo su torero dio un pasito importante en
la Plaza México, que le valdrá pa’ que
lo repitan el próximo año, esperando que pronto encuentre el sendero de los
triunfos contundentes, los que llenan las alforjas de orejas que es el único idioma que entienden los
empresarios y es que el camino de la contundencia es el que les hace sonar la
máquina registradora de las taquillas que son las que dan contratos, pues no
olvidemos que este es un negocio llamado Fiesta Brava. Sobre lo mismo hasta
donde yo recuerdo toreros como Alfredo Leal, Antonio del Olivar, Fermín
Murillo, Santiago Martín ‘El Viti’, con esa estatura y esa seriedad, han sido un ejemplo de que esa línea de toreros en la que encaja Fermín, la lleva más
canija ya que requieren de un toro con volumen, cabeza y
altura, pues mientras lo que realicen no
lo hagan frente a este tipo de bureles es como verles torear en blanco y negro
y por otra parte pregunto, ¿ya le habrán dicho al matador que ese ‘ya merito’ en el que está a
la de ¡ya! tiene que romper, pues mientras no lo logre su nombre no sonara allá
enfrente y aunque no sea taurino lo que voy a decir porque tiene que ver con
los bólidos de Fórmula 1, pero a estas alturas su escudería ya le debe de estar
aconsejando a Rivera que a sus faenas hay que meterles el Súper Cargador y
forzar la aceleración, por otro lado dejar que escapen los gases de los halagos,
algunos que han llegado a la locura al grado de expresar ‘Fermín es tan serio
que torea como Armillita o como Manolete.’ ¡No mam…! sin palabras.
Aventé la nota
anterior por delante por considerarla más importante que expandir como apertura
el síndrome ese de que ‘amor es ir a la
plaza’ pues en esta columna no hacemos proselitismo, me queda claro que ir a
los toros es como las llamadas a misas,
quien quiere va y quien no, que no vaya, la empresa en la capital está
ofreciendo un menú, no una obligación, aclarada la postura pues a seguir como
reza ese encabezado del maestro José Antonio del Moral ‘De Toros en libertad’ y
es que eso es en esencia la fiesta, una danza de libertad donde los dioses
predican con arte, los de primera línea atraen, los estándares ahí están, las promesas son eso promesas y
los comparsas pues acompañan, sigamos pues con la libertad, expresando que quienes gustan de ver o escuchar las
corridas a control remoto o quienes viven en el interior de la república de
ninguna manera son unos apátridas
taurinos, nada de eso, pues si así fuese, quienes profesan la religión católica
por no ir de rodillas cada doce de diciembre a la Basílica de Guadalupe ¿son
apátridas?

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