Nostalgias
de apenitas
‘Cerro Gordo’ 80 años - ¿México es qué? - Ya no está… -
Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce - Colombianos inmensos - ‘El
Andariego’ - Mi amigo albañil
Bardo de la Taurina
En la Fiesta, cuando el círculo de empresa,
ganaderos, toreros y público se convierte en tres caras, por no tomar en cuenta
a las de arriba, todo se descuadra y es cuando los vivales empiezan a mamar de
una ubre que ya está contaminada y solo logran expandir el hedor de una Fiesta
moribunda, que no necesita ser revivida, sino del surgimiento de una época
distinta.
‘Cerro
Gordo’ 80 años
Cuenta la leyenda —legendaria— que quienes habían
iniciado la peregrinación desde Aztlán, que debieron haber sido los mexicas o
aztecas, se aproximaron a Tenochtitlan por el rumbo de Ecatepec, lo cual
convirtió a este sitio en algo muy significativo dentro de la historia, y más
aún de la taurina, pues ahí, hace ochenta años, don Guillermo Rodríguez
Caballero asentó la que llegaría a ser la hoy histórica ganadería de ‘Cerro
Gordo’.
Esto debió haberse llevado a cabo allá por el año
de 1946, fecha que está por demás subrayar en la historia del México taurino.
¿O es que ya se nos borró de la memoria que en ese año fue inaugurada la Plaza
México?... ¿Qué pasó, mis valedores? No la chiflen, que es cantada.
La divisa de la casa ganadera pudo haber sido
tomada del cielo celeste y del aroma verde de la caña. Lo bautismal de ‘Cerro
Gordo’ debió deberse a la elevación volcánica que pertenece a la Sierra de
Guadalupe, esa ataviada de cantera color de rosa, tan mexicano, que la estrella
Dolores del Río lo tomara pa’ su fundación ‘Rosa Mexicano’, que tanto bien ha
hecho a los niños de México, a los que la moneda no les brilló con la luz de la
fortuna.
Hasta ese lugar, predestinado o a vuelo de azar, en
los inicios del principio, llegaron de ‘San Mateo’ —que sobra subrayar es una
ganadería madre del campo bravo mexicano— un semental y cuarenta vacas pa’
engorda; años después la inmigración creció con un doblete de sementales y un
tostón de hembras.
En la primera entrega, como en las subsecuentes de
campo a ruedo, se cuidó en demasía la selección de la casta, la bravura, el
trapío, la edad, hasta que llegó aquel año de 1957, que fue, por cierto, en el
que el ‘Ángel de la Independencia’ literalmente voló, acelerado por aquel
trágico terremoto.
Y así se presentó en sociedad el hierro, el de
trazos estilizados adelantados a su época. Lo que sucedió el veintitrés de
junio, en el ‘Toreo de Cuatro Caminos’, que le abrió los brazos a los
embajadores de ‘Cerro Gordo’ en su modalidad de novillos. Quienes los lidiaron
fueron los de apellidos similares Rodríguez: Norberto, Rafael y Mariano. La
expectación fue grande, como en todo debut clase premier, y más el de esta
ganadería poseedora del atractivo que estaba —y está— a un suspiro de la
‘Catedral Metropolitana’, donde por primera vez, en lo que sería el sitio
sacro, se lidiaron toros.
El hierro, firme en su evolución, ya estaba listo
pa’ mayores encomiendas, como pasar lista de presentes en la Plaza México, con
una terna de interés popular, pues ya los bureles de la familia Rodríguez se
pintaban solos por su majeza y bravura, bien desarrolladas a la hora de la
conjunción de hocico y arena.
Catorce de agosto de 1960: ‘Cerro Gordo’ pa’ el
espectacular Antonio Campos ‘El Imposible’, un torero al que la Fiesta no
terminó de hacerle justicia; Felipe Rosas, que su solo apellido lo dice todo,
incluyendo el aroma de su temple; y Jaime Rangel, un guerrero de las telas. Y
decir que esa tarde, ante una gradería robusta, los llegados de Ecatepec
salieron boyantes en general, y uno muy formal le pidió la cartilla a ‘El
Imposible’, y ambos se conjuntaron hasta el estallamiento de las palmas, dando
a luz que en Antonio Campos había un lidiador entendido.
Y cómo no pasar lista de presentes de aquel 27 de
septiembre de 1953, en aquella tarde sui géneris en la que Juanita
Aparicio solicitó a La México dos de ‘Cerro Gordo’, ‘Jazminero’ y ‘Rosalito’,
pa’ ella solita. El que se fue, sin una oreja.
Y recordar que esa casa ganadera siempre se
distinguió por bautizar a sus ejemplares con nombres significativos como
‘Califa’, ‘Sevillano’, ‘Condesito’; y qué decir de ese encierro de plata
compuesto por ‘Platerito’, ‘Joyerito’, ‘Tortolito’, ‘Girasol’, ‘Aventurero’,
‘Lucerito’, lidiado en la mismísima Plaza México en 1969.
Y ya pa’ pirarnos, hay que subrayar que hoy en día
—y en los que le antecedieron— los herederos no se han bajado del caballo y, a
pesar de los tiempos, unos más difíciles que otros, ahí sigue ‘Cerro Gordo’,
pa’ orgullo particular de las casas ganaderas y, en lo general, de la Fiesta
Brava.
¿México es
qué?
Así como aquí no se escribe de la retahíla
familiar, a menos que esta traiga etiqueta de pública, tampoco lo hacemos de
algún nonato hasta que no pasa a ser bebé, o de algún proyecto o manuscrito no
publicado. Lo que nos dice que eso todavía no es un libro como tal, sino solo
un futurismo difícil de darle validez por desconocido, con el peligro de que
además nos metan gato por liebre con el título.
A ver, citemos algunos títulos que van en la línea
de la concordancia: ‘México es guadalupano’, ‘México es futbolero’, ‘México es
molero’; pero titular que ‘México es taurino’ como que le sobra pápalo quelite
al taco, pues precisamente por tener una Fiesta debilucha, dentro y fuera del
ruedo, de un escupitajo la borraron en la CDMX.
¿Algunas dudas? Disipémoslas: la última figura
mayor, que lo fue Manolo Martínez, muere en 1996; y el del escalafón menor,
Valente Arellano, lo hizo en 1984. Y decir que Eloy Cavazos se quitó en 2008 el
añadido y fue incapaz de echarse al hombro un movimiento aguerrido pa’ la
defensa de la Fiesta.
Al cambio de eso, ojalá quienes titularon así su
compendio —que esperemos no venga enclenque en su contenido— nos regalen, entre
sus páginas, algunas recetas placeras de las exquisiteces que suelen venderse
alrededor de los alberos, de las que luego naiden se acuerda.
Ya no está…
Un maletilla del siglo viejo recordaba lo ardientes
y dolientes que se sienten los varetazos y los pesuñasos de novillo; más, en su
caso, el alivio llegó con un fuerte jalón de pescuezo y la consabida arrastrada
que le brindó el desconocido y oportuno Adolfo Guzmán Zaragoza.
Estaba en Jerez de la Frontera y, como suele pasar
en los momentos importantes, la marcha empezó a cascabelearle con ese toser de
insuficiencia; el camino a Sevilla, un viacrucis. Los de blanco, muy diestros,
le amarraron seis stents, que son remedios pa’ la máquina grande.
México y Venezuela fueron los lares de sus hazañas.
En el primero logró formar al último ídolo novilleril, Valente Arellano, y
levantarles esperanzas a otros que creían en su varita mágica, lo cual, sea
dicho, no se logró. Y allá por el Pico de Bolívar se alternativó. ¡Era un vivo,
vivo!
La importación de ganado bravo mexicano para
reproducción estaba prohibida, más no pa’ el que se ponía de acuerdo con quién
sabe quiénes; y, soportado por un toreo de algarabía, indultaba en las plazas
cuantos toros se le ocurría, a los cuales, durante la lidia, se les habían
cuidado con alfileres, y por humanidad no se les sacrificaba, e iban a parar al
campo bravo venezolano ya en forma de sementales.
Alcanzó a regresar a su tierra de nascencia y de
ahí a Querétaro, donde la vida de aventurero terminó de echarle montón y le
empezó a cobrar todas las facturas, dejando poco espacio pa’ su salud, sobre
todo por ese rumbo de los riñones. Quería armar una campaña pa’ un torero
español que había descubierto, un ‘tío’ que hasta el último suspiro apostó por
la toreada.
De la que fue un maestro de la sagacidad y los
malabares, como ese que en la plaza de Guadalajara se sacó de la manga, a una
hora (60 min.) de comenzar el festejo —con el público abarrotado hasta las
nubes pa’ ver a su Valente Arellano—, Adolfo Guzmán se presentó afligido
teatralmente ante el empresario y le dijo:
—El torero está ardiendo en temperatura, con
vómitos, náuseas, desmayos… y así no puede torear.
—¿Ya llamaron a un doctor?, ¿cómo se le puede parar
eso?
—Solo hay una vacuna, o medicina, o transfusión.
—¡Pues que se la pongan!
—Pero eso cuesta.
—¿Cuánto cuesta?
—$$$$$$$$$$$$$
Al escuchar la cifra, al empresario le dio diarrea…
¡Valente, triunfo!
Todavía es temprano pa’ que su historia se haga
leyenda, y de ahí empezaremos a jalar y jalar del anecdotario, porque Adolfo
Guzmán fue un hombre de vivencias cuya última llamada fue pa’ decirle a este
escribano:
—Mi hermanito, va a venir mi hija de Madrid; te
pido una comidita en tu casa, pa’ que ella vea ¡cuánto me quiere la gente!
Ya la sentía muy cerquita, pues entendía la muerte
al dedillo, como se la habían enseñado dos de sus toreros, fallecidos
trágicamente entre el ronronear de los motores.
Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce
Cuánto coñac y cuánto whisky —sus favoritos—
habrá pasado por las gargantas de ese par de figurones mundiales que lo fueron
el maestro Agustín Lara, nacido en la calle de Colombia de la capital azteca, y
el purista Enrique Ponce, de Valencia, España; quienes le dieron relevancia al
personaje del espontáneo a través de segundas personas: uno, que lo fue el
torero potosino Fermín Rivera, alternativado a los diecisiete años; y el otro,
un novillero de veintiséis años, nacido en la cafetalera Manizales, allá en
Colombia.
La historia minuciosa y escabrosa del primer caso
—el Lariano—, en el que ‘Novillero’ es vértice de una de las partituras de
mayor tronío, junto con los otros temas de la ‘Suite Torera’, está resguardada
tras un puente levadizo, donde el amurallado se reforzó con cerrojo bajo doble
llave, la que, una vez librada, conduce al patio de armas y de ahí a algún
pasadizo secreto o hasta la torre de homenaje, que es el sitio más alto y, por
ende, el más seguro de un castillo de ‘Embrujo y Fantasía’.
En la obra aparecen láminas pictóricas de la
creatividad del artista Fco. Álvarez, las cuales lucen esplendorosas, tal cual
lo merecen los pasodobles larianos, como el que reza:
—Que un domingo en la tarde se tiró al ruedo pa’ calmar sus ansias de
novillero…—
La segunda versión se dio con anterioridad a la
administración de don Ramón Arce, cuando un novillero se le tiró de espontáneo
a ‘Su Majestad’ Enrique Ponce, en la única tarde en que no lo debió haber
hecho, por el más mínimo respeto a la investidura del referido, quien está
dentro de los tres ídolos más queridos, admirados, valorados, respetados y
seguidos por los mexicanos, junto con Paco Camino y ‘El Niño de la Capea’.
Poniendo a su juicio, lector, que quienes mayor
expectación han levantado lo fueron Manuel Rodríguez ‘Manolete’ y Manuel
Benítez ‘El Cordobés’, a los que años después se les unió Julián López ‘El
Juli’.
Este hecho incomprensible del espontáneo pudo
llegar a tocar lo político, al haber sido usado México como sede o trampolín
pa’ darle carrete a un galimatías surgido en un país sudamericano, donde, por
añadidura, se involucró a un reconocido personaje español que había sido
convidado a que nos brindara su arte, en una de las tres fechas más simbólicas
de su vida torera, junto con la despedida de Madrid y Valencia.
Hemos de decir que el colombiano tendrá que
resultar un fenómeno, como lo fue ‘El Juli’, pa’ sobrevivir sobre nuestros
novilleros y maletillas, que en Tlaxcala brotan debajo de cada piedra y, en
todo el país, por arriba de ellas.
Y pa’ que naiden viva engañado de lo que en sí es
este medio, nunca olvidaremos que la empresa de aquellos ayeres le negó al
maestro colombiano César Rincón despedirse en la Plaza México… y no pasó
absolutamente nada.
¡Ah!, pero eso sí: a quienes llevaron esas faltas
al filo de la navaja nadie les va a quitar el sambenito.
Y después, vaya usted a saber cómo, de una chistera
le salió al manizaleño un aficionado bondoso, apasionado, caritativo y limpio
personaje, que lo es don Ramón Arce; y, de golpe y porrazo, el torero se hizo
de un patrón de chamba, apoderado, plaza de toros pa’ la práctica, training
manager, vocería de medios y hasta de una espuerta grandotota donde soñar y
planchar la oreja después de jamar como figura. ¡Benditos don Ramón Arce y
señora!
Colombianos
inmensos y taurinos
¡En busca de lo más sencillo, que en sí es lo
majestuoso, vengan las letras pa’ recordar a genios colombianos como don
Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Cristóbal Álvarez y César Rincón,
quienes le aportaron a México su bondad artística a manos llenas: literatura,
escultura, pintura, toreo y agradecimiento!
Y permítaseme la osadía, a manera de anécdota, el
recordar una noche al arropo del piano, cuando un mesero descargaba de su
charola algunos tragos y, como a este escribano le quedaba más cerca, le
entregó el primer chínguere, el que de inmediato el Bardo se lo cedió al
inmenso Gabriel García Márquez, quien expresó:
—Usted es mexicano y estamos en su tierra, así que
por educación no cometeré una falta de respeto—
Ellos son algunos colombianos que, en persona o en
referencia, hemos tenido la suerte de honrar y respetar.
Y solo hay que decir que hay colombianos que ni
siquiera admiten comparaciones, como no la admite tampoco su impresionante
‘Catedral de la Sal’ en Zipaquirá, su folclor urbano, sus vallenatos, su
gastronomía con su típica ‘Bandeja paisa’…
‘El
Andariego’
Es costumbrismo sorprenderse con todo tipo de
sorpresas que, como matas, brotan en el Centro Histórico, y aquel mediodía no
sería la excepción:
—Yo soy ‘El Andariego’, Jorge Arriaga Vidales—
Su estampa, ataviada de color catafalco; la charla
inició al tiempo que de sus manos, como majo y mago callejero, sacaba una
montera que se veía no había pecado.
—Oiga, ¿ando buscando su libro?
—En el Callejón de la Condesa lo podría hallar, o
si no, en la Porrúa.
El Bardo seguía ahí, preocupado, pues en pleno sol,
en una de sus talegas, traía varios Centenarios… de chocolate, que ya iban
camino al derretimiento. ¡Vaya preocupación!
‘El Andariego’, que es una rocola de soltar la
lengua, aparte de muy creyente en la fe que bendice a los bienaventurados,
seguía preguntando por circunstancias y toreros en los que él no cabe, porque
más bien es un mecenas de la locura —la suya y la de los demás—; eso sí, él
siempre va por delante, con el papalote de billetes volando por doquier.
También es un soñador, el que asegura que si su padre lo hubiera apoyado con
parné hubiese llegado a tomar la alternativa.
Se expresa con propiedad, que denota que se bebió
la abogacía, al grado que hoy día ocupa el importante cargo de ‘Presidente del
Colegio de Jóvenes Estudiantes y Nuevos Profesionistas de la SCJN, A. C.’.
Tiene unos conceptos muy propios sobre el
crecimiento, la ayuda y la preservación de la toreada, sobre todo entre los
jóvenes, lo que me lleva a pensar que, sin duda, se trata de un hombre de buen
corazón; de esos que, al recordar a ‘La Plaza México’, les va bien aquello que
san Álvaro Carrillo escribiera en su ‘Andariego’:
Hoy siento la nostalgia de tus besos,
de aquellos tus ojazos,
de aquellos tus amores…
No dudo que este Jorge Arriaga Vidales, entre sus
cualidades, tenga la de sommelier, pues con tirabuzón que no cedía logró
hacerse del número del iPhone, advirtiéndole que este escribano suplica porque:
—hoy quiero la calma y el sosiego…—, como inspiró el de San Juan Cacahuatepec.
Sonó el celular informando que ya tenía uno de los
libros sobre ‘Silverio Pérez’ y que solo le faltaba la dedicatoria. Ya en casa,
aquello fue bordar y tejer, y nos dieron las diez y las once, las doce y la
una…, más visitas acompañadas de vinos exquisitos que su familia enviaba.
No para de indagar, con la sensibilidad de saber
valorar. Más tarde tuvo la idea de homenajear a ‘La Plaza México’ en sus
ochenta años, y lo hizo en vivo, con todo y la tradicional banda de música del
recinto.
Luego se fue a ‘Sevilla Tlaixpan’ a darle pleitesía
a ‘El Breco’, que ya anda arañando el tostón de alternativado; entre ellas,
muchas tardes de sobrevivencia, porque Miguel Cepeda ha dejado más sangre en
los ruedos que moronga en los tacos. Y lo último que se sabe de ese agasajo
nostálgico es que siguen curando sus almas con el mejor curador de tlachicotón
que hay desde hace tiempo: ‘El Curro Candela’.
‘El Andariego’ se puso a leer el libro sobre parte
de las andanzas del salmantino don Jesús Muñoz López y quedó extasiado con las
leyendas del pasador de noticias, y por ello le encendió una votiva pa’ que la
gente recuerde por siempre a quien fue un personaje de novela, como también lo
fue de la tinta que vio su luz con la información de quienes hicieron camino al
andar.
Luego, como aquellos viejos marinos que desde el
carajo —la parte más alta de las velas de un navío— divisan, nuestro personaje
divisó una próxima aventura y a porta gayola fue a su encuentro, en los lares
de la finca ‘La Gloria’, donde don Martín Becerra le presentó a un Xajay.
Y después de frotar la lámpara de Aladino, ‘El
Andariego’ aparece colgado en el festival de relumbrones que se dará en la
‘Plaza de Toros San Marcos’, de la merita Aguascalientes, eso el veintitrés de
abril; y pa’ mayo, a ‘Fábrica María’, ahí está de ejemplo pa’ quienes les falta
afición.
Todo eso me lleva a pensar: ¿si no será este
susodicho, inquieto, emprendedor, valiente y andarín, un posible aventado pa’
darse al proyecto o intento de juntar las neuronas suficientes pa’ echar a
volar un periódico digital de corte taurino libre? Donde no se refríe, sin
rémoras ni mercachifles; donde se retome aquello añejo del verde es verde, sin
darle altura a los globos sin aire; donde se exhiba a los paleros de una vez
por todas pa’ que no estén contaminando ni usurpando el ambiente, que puede ser
parte del camino hacia la nueva época.
En fin, si naiden se ha echado este trompo a la uña
es porque está cañón.
Mi amigo albañil
Un apreciado —más bien querido— albañil, que me
regocija los momentos de enyesado al tiempo que los salpica de anécdotas;
además, don Teofanis también es un consejero que, entre otras cosas, dice:
—Cuando te vayas a subir a un ladrillo, mide bien su altura—.
Y esto me lleva a pensar: ¿por qué el sentirse
escritor ha pasado de lo serio a lo banal? Esto, por el número de obras
imaginarias que ahí están enmoheciéndose —si tienen suerte— entre los archivos
de alguna computadora.
Más lamentable es el hecho de que los escribientes
se asuman como dueños únicos y plenipotenciarios, como si fueran embajadores
del tema que escogieron, así sean las canicas que, salidas de Egipto, llegaron
hasta ser mencionadas en la Biblia.
Y, dándole más a lo profundo, antes de que
terminemos de ahogarnos en una puesta en escena inexistente en la capital, como
lo son los festejos de tauro, valdría la pena preguntar a esas catervas
lanza-chispas sociales: ¿por qué no le han informado al público cuáles son las
reales posibilidades de que se vuelvan a dar festejos en la CDMX y de qué
dependen?
Entre las optimistas posibilidades y, en el
improbable caso de que se den, alguien se ha preguntado:
¿Y si pa’ entonces la Plaza México ya no seguirá en
pie?
