miércoles, 8 de abril de 2026

 


Nostalgias de apenitas
‘Cerro Gordo’ 80 años - ¿México es qué? - Ya no está… -
Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce - Colombianos inmensos - ‘El Andariego’ - Mi amigo albañil


Bardo de la Taurina

En la Fiesta, cuando el círculo de empresa, ganaderos, toreros y público se convierte en tres caras, por no tomar en cuenta a las de arriba, todo se descuadra y es cuando los vivales empiezan a mamar de una ubre que ya está contaminada y solo logran expandir el hedor de una Fiesta moribunda, que no necesita ser revivida, sino del surgimiento de una época distinta.

‘Cerro Gordo’ 80 años

Cuenta la leyenda —legendaria— que quienes habían iniciado la peregrinación desde Aztlán, que debieron haber sido los mexicas o aztecas, se aproximaron a Tenochtitlan por el rumbo de Ecatepec, lo cual convirtió a este sitio en algo muy significativo dentro de la historia, y más aún de la taurina, pues ahí, hace ochenta años, don Guillermo Rodríguez Caballero asentó la que llegaría a ser la hoy histórica ganadería de ‘Cerro Gordo’.

Esto debió haberse llevado a cabo allá por el año de 1946, fecha que está por demás subrayar en la historia del México taurino. ¿O es que ya se nos borró de la memoria que en ese año fue inaugurada la Plaza México?... ¿Qué pasó, mis valedores? No la chiflen, que es cantada.

La divisa de la casa ganadera pudo haber sido tomada del cielo celeste y del aroma verde de la caña. Lo bautismal de ‘Cerro Gordo’ debió deberse a la elevación volcánica que pertenece a la Sierra de Guadalupe, esa ataviada de cantera color de rosa, tan mexicano, que la estrella Dolores del Río lo tomara pa’ su fundación ‘Rosa Mexicano’, que tanto bien ha hecho a los niños de México, a los que la moneda no les brilló con la luz de la fortuna.

Hasta ese lugar, predestinado o a vuelo de azar, en los inicios del principio, llegaron de ‘San Mateo’ —que sobra subrayar es una ganadería madre del campo bravo mexicano— un semental y cuarenta vacas pa’ engorda; años después la inmigración creció con un doblete de sementales y un tostón de hembras.

En la primera entrega, como en las subsecuentes de campo a ruedo, se cuidó en demasía la selección de la casta, la bravura, el trapío, la edad, hasta que llegó aquel año de 1957, que fue, por cierto, en el que el ‘Ángel de la Independencia’ literalmente voló, acelerado por aquel trágico terremoto.

Y así se presentó en sociedad el hierro, el de trazos estilizados adelantados a su época. Lo que sucedió el veintitrés de junio, en el ‘Toreo de Cuatro Caminos’, que le abrió los brazos a los embajadores de ‘Cerro Gordo’ en su modalidad de novillos. Quienes los lidiaron fueron los de apellidos similares Rodríguez: Norberto, Rafael y Mariano. La expectación fue grande, como en todo debut clase premier, y más el de esta ganadería poseedora del atractivo que estaba —y está— a un suspiro de la ‘Catedral Metropolitana’, donde por primera vez, en lo que sería el sitio sacro, se lidiaron toros.

El hierro, firme en su evolución, ya estaba listo pa’ mayores encomiendas, como pasar lista de presentes en la Plaza México, con una terna de interés popular, pues ya los bureles de la familia Rodríguez se pintaban solos por su majeza y bravura, bien desarrolladas a la hora de la conjunción de hocico y arena.

Catorce de agosto de 1960: ‘Cerro Gordo’ pa’ el espectacular Antonio Campos ‘El Imposible’, un torero al que la Fiesta no terminó de hacerle justicia; Felipe Rosas, que su solo apellido lo dice todo, incluyendo el aroma de su temple; y Jaime Rangel, un guerrero de las telas. Y decir que esa tarde, ante una gradería robusta, los llegados de Ecatepec salieron boyantes en general, y uno muy formal le pidió la cartilla a ‘El Imposible’, y ambos se conjuntaron hasta el estallamiento de las palmas, dando a luz que en Antonio Campos había un lidiador entendido.

Y cómo no pasar lista de presentes de aquel 27 de septiembre de 1953, en aquella tarde sui géneris en la que Juanita Aparicio solicitó a La México dos de ‘Cerro Gordo’, ‘Jazminero’ y ‘Rosalito’, pa’ ella solita. El que se fue, sin una oreja.

Y recordar que esa casa ganadera siempre se distinguió por bautizar a sus ejemplares con nombres significativos como ‘Califa’, ‘Sevillano’, ‘Condesito’; y qué decir de ese encierro de plata compuesto por ‘Platerito’, ‘Joyerito’, ‘Tortolito’, ‘Girasol’, ‘Aventurero’, ‘Lucerito’, lidiado en la mismísima Plaza México en 1969.

Y ya pa’ pirarnos, hay que subrayar que hoy en día —y en los que le antecedieron— los herederos no se han bajado del caballo y, a pesar de los tiempos, unos más difíciles que otros, ahí sigue ‘Cerro Gordo’, pa’ orgullo particular de las casas ganaderas y, en lo general, de la Fiesta Brava.

 

¿México es qué?

Así como aquí no se escribe de la retahíla familiar, a menos que esta traiga etiqueta de pública, tampoco lo hacemos de algún nonato hasta que no pasa a ser bebé, o de algún proyecto o manuscrito no publicado. Lo que nos dice que eso todavía no es un libro como tal, sino solo un futurismo difícil de darle validez por desconocido, con el peligro de que además nos metan gato por liebre con el título.

A ver, citemos algunos títulos que van en la línea de la concordancia: ‘México es guadalupano’, ‘México es futbolero’, ‘México es molero’; pero titular que ‘México es taurino’ como que le sobra pápalo quelite al taco, pues precisamente por tener una Fiesta debilucha, dentro y fuera del ruedo, de un escupitajo la borraron en la CDMX.

¿Algunas dudas? Disipémoslas: la última figura mayor, que lo fue Manolo Martínez, muere en 1996; y el del escalafón menor, Valente Arellano, lo hizo en 1984. Y decir que Eloy Cavazos se quitó en 2008 el añadido y fue incapaz de echarse al hombro un movimiento aguerrido pa’ la defensa de la Fiesta.

Al cambio de eso, ojalá quienes titularon así su compendio —que esperemos no venga enclenque en su contenido— nos regalen, entre sus páginas, algunas recetas placeras de las exquisiteces que suelen venderse alrededor de los alberos, de las que luego naiden se acuerda.

Ya no está…

Un maletilla del siglo viejo recordaba lo ardientes y dolientes que se sienten los varetazos y los pesuñasos de novillo; más, en su caso, el alivio llegó con un fuerte jalón de pescuezo y la consabida arrastrada que le brindó el desconocido y oportuno Adolfo Guzmán Zaragoza.

Estaba en Jerez de la Frontera y, como suele pasar en los momentos importantes, la marcha empezó a cascabelearle con ese toser de insuficiencia; el camino a Sevilla, un viacrucis. Los de blanco, muy diestros, le amarraron seis stents, que son remedios pa’ la máquina grande.

México y Venezuela fueron los lares de sus hazañas. En el primero logró formar al último ídolo novilleril, Valente Arellano, y levantarles esperanzas a otros que creían en su varita mágica, lo cual, sea dicho, no se logró. Y allá por el Pico de Bolívar se alternativó. ¡Era un vivo, vivo!

La importación de ganado bravo mexicano para reproducción estaba prohibida, más no pa’ el que se ponía de acuerdo con quién sabe quiénes; y, soportado por un toreo de algarabía, indultaba en las plazas cuantos toros se le ocurría, a los cuales, durante la lidia, se les habían cuidado con alfileres, y por humanidad no se les sacrificaba, e iban a parar al campo bravo venezolano ya en forma de sementales.

Alcanzó a regresar a su tierra de nascencia y de ahí a Querétaro, donde la vida de aventurero terminó de echarle montón y le empezó a cobrar todas las facturas, dejando poco espacio pa’ su salud, sobre todo por ese rumbo de los riñones. Quería armar una campaña pa’ un torero español que había descubierto, un ‘tío’ que hasta el último suspiro apostó por la toreada.

De la que fue un maestro de la sagacidad y los malabares, como ese que en la plaza de Guadalajara se sacó de la manga, a una hora (60 min.) de comenzar el festejo —con el público abarrotado hasta las nubes pa’ ver a su Valente Arellano—, Adolfo Guzmán se presentó afligido teatralmente ante el empresario y le dijo:

—El torero está ardiendo en temperatura, con vómitos, náuseas, desmayos… y así no puede torear.

—¿Ya llamaron a un doctor?, ¿cómo se le puede parar eso?

—Solo hay una vacuna, o medicina, o transfusión.

—¡Pues que se la pongan!

—Pero eso cuesta.

—¿Cuánto cuesta?

—$$$$$$$$$$$$$

Al escuchar la cifra, al empresario le dio diarrea… ¡Valente, triunfo!

Todavía es temprano pa’ que su historia se haga leyenda, y de ahí empezaremos a jalar y jalar del anecdotario, porque Adolfo Guzmán fue un hombre de vivencias cuya última llamada fue pa’ decirle a este escribano:

—Mi hermanito, va a venir mi hija de Madrid; te pido una comidita en tu casa, pa’ que ella vea ¡cuánto me quiere la gente!

Ya la sentía muy cerquita, pues entendía la muerte al dedillo, como se la habían enseñado dos de sus toreros, fallecidos trágicamente entre el ronronear de los motores.

Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce

Cuánto coñac y cuánto whisky —sus favoritos— habrá pasado por las gargantas de ese par de figurones mundiales que lo fueron el maestro Agustín Lara, nacido en la calle de Colombia de la capital azteca, y el purista Enrique Ponce, de Valencia, España; quienes le dieron relevancia al personaje del espontáneo a través de segundas personas: uno, que lo fue el torero potosino Fermín Rivera, alternativado a los diecisiete años; y el otro, un novillero de veintiséis años, nacido en la cafetalera Manizales, allá en Colombia.

La historia minuciosa y escabrosa del primer caso —el Lariano—, en el que ‘Novillero’ es vértice de una de las partituras de mayor tronío, junto con los otros temas de la ‘Suite Torera’, está resguardada tras un puente levadizo, donde el amurallado se reforzó con cerrojo bajo doble llave, la que, una vez librada, conduce al patio de armas y de ahí a algún pasadizo secreto o hasta la torre de homenaje, que es el sitio más alto y, por ende, el más seguro de un castillo de ‘Embrujo y Fantasía’.

En la obra aparecen láminas pictóricas de la creatividad del artista Fco. Álvarez, las cuales lucen esplendorosas, tal cual lo merecen los pasodobles larianos, como el que reza:
—Que un domingo en la tarde se tiró al ruedo pa’ calmar sus ansias de novillero…—

La segunda versión se dio con anterioridad a la administración de don Ramón Arce, cuando un novillero se le tiró de espontáneo a ‘Su Majestad’ Enrique Ponce, en la única tarde en que no lo debió haber hecho, por el más mínimo respeto a la investidura del referido, quien está dentro de los tres ídolos más queridos, admirados, valorados, respetados y seguidos por los mexicanos, junto con Paco Camino y ‘El Niño de la Capea’.

Poniendo a su juicio, lector, que quienes mayor expectación han levantado lo fueron Manuel Rodríguez ‘Manolete’ y Manuel Benítez ‘El Cordobés’, a los que años después se les unió Julián López ‘El Juli’.

Este hecho incomprensible del espontáneo pudo llegar a tocar lo político, al haber sido usado México como sede o trampolín pa’ darle carrete a un galimatías surgido en un país sudamericano, donde, por añadidura, se involucró a un reconocido personaje español que había sido convidado a que nos brindara su arte, en una de las tres fechas más simbólicas de su vida torera, junto con la despedida de Madrid y Valencia.

Hemos de decir que el colombiano tendrá que resultar un fenómeno, como lo fue ‘El Juli’, pa’ sobrevivir sobre nuestros novilleros y maletillas, que en Tlaxcala brotan debajo de cada piedra y, en todo el país, por arriba de ellas.

Y pa’ que naiden viva engañado de lo que en sí es este medio, nunca olvidaremos que la empresa de aquellos ayeres le negó al maestro colombiano César Rincón despedirse en la Plaza México… y no pasó absolutamente nada.

¡Ah!, pero eso sí: a quienes llevaron esas faltas al filo de la navaja nadie les va a quitar el sambenito.

Y después, vaya usted a saber cómo, de una chistera le salió al manizaleño un aficionado bondoso, apasionado, caritativo y limpio personaje, que lo es don Ramón Arce; y, de golpe y porrazo, el torero se hizo de un patrón de chamba, apoderado, plaza de toros pa’ la práctica, training manager, vocería de medios y hasta de una espuerta grandotota donde soñar y planchar la oreja después de jamar como figura. ¡Benditos don Ramón Arce y señora!

 

Colombianos inmensos y taurinos

¡En busca de lo más sencillo, que en sí es lo majestuoso, vengan las letras pa’ recordar a genios colombianos como don Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Cristóbal Álvarez y César Rincón, quienes le aportaron a México su bondad artística a manos llenas: literatura, escultura, pintura, toreo y agradecimiento!

Y permítaseme la osadía, a manera de anécdota, el recordar una noche al arropo del piano, cuando un mesero descargaba de su charola algunos tragos y, como a este escribano le quedaba más cerca, le entregó el primer chínguere, el que de inmediato el Bardo se lo cedió al inmenso Gabriel García Márquez, quien expresó:

—Usted es mexicano y estamos en su tierra, así que por educación no cometeré una falta de respeto—

Ellos son algunos colombianos que, en persona o en referencia, hemos tenido la suerte de honrar y respetar.

Y solo hay que decir que hay colombianos que ni siquiera admiten comparaciones, como no la admite tampoco su impresionante ‘Catedral de la Sal’ en Zipaquirá, su folclor urbano, sus vallenatos, su gastronomía con su típica ‘Bandeja paisa’…

‘El Andariego’

Es costumbrismo sorprenderse con todo tipo de sorpresas que, como matas, brotan en el Centro Histórico, y aquel mediodía no sería la excepción:

—Yo soy ‘El Andariego’, Jorge Arriaga Vidales—

Su estampa, ataviada de color catafalco; la charla inició al tiempo que de sus manos, como majo y mago callejero, sacaba una montera que se veía no había pecado.

—Oiga, ¿ando buscando su libro?

—En el Callejón de la Condesa lo podría hallar, o si no, en la Porrúa.

El Bardo seguía ahí, preocupado, pues en pleno sol, en una de sus talegas, traía varios Centenarios… de chocolate, que ya iban camino al derretimiento. ¡Vaya preocupación!

‘El Andariego’, que es una rocola de soltar la lengua, aparte de muy creyente en la fe que bendice a los bienaventurados, seguía preguntando por circunstancias y toreros en los que él no cabe, porque más bien es un mecenas de la locura —la suya y la de los demás—; eso sí, él siempre va por delante, con el papalote de billetes volando por doquier. También es un soñador, el que asegura que si su padre lo hubiera apoyado con parné hubiese llegado a tomar la alternativa.

Se expresa con propiedad, que denota que se bebió la abogacía, al grado que hoy día ocupa el importante cargo de ‘Presidente del Colegio de Jóvenes Estudiantes y Nuevos Profesionistas de la SCJN, A. C.’.

Tiene unos conceptos muy propios sobre el crecimiento, la ayuda y la preservación de la toreada, sobre todo entre los jóvenes, lo que me lleva a pensar que, sin duda, se trata de un hombre de buen corazón; de esos que, al recordar a ‘La Plaza México’, les va bien aquello que san Álvaro Carrillo escribiera en su ‘Andariego’:

Hoy siento la nostalgia de tus besos,
de aquellos tus ojazos,
de aquellos tus amores…

No dudo que este Jorge Arriaga Vidales, entre sus cualidades, tenga la de sommelier, pues con tirabuzón que no cedía logró hacerse del número del iPhone, advirtiéndole que este escribano suplica porque: —hoy quiero la calma y el sosiego…—, como inspiró el de San Juan Cacahuatepec.

Sonó el celular informando que ya tenía uno de los libros sobre ‘Silverio Pérez’ y que solo le faltaba la dedicatoria. Ya en casa, aquello fue bordar y tejer, y nos dieron las diez y las once, las doce y la una…, más visitas acompañadas de vinos exquisitos que su familia enviaba.

No para de indagar, con la sensibilidad de saber valorar. Más tarde tuvo la idea de homenajear a ‘La Plaza México’ en sus ochenta años, y lo hizo en vivo, con todo y la tradicional banda de música del recinto.

Luego se fue a ‘Sevilla Tlaixpan’ a darle pleitesía a ‘El Breco’, que ya anda arañando el tostón de alternativado; entre ellas, muchas tardes de sobrevivencia, porque Miguel Cepeda ha dejado más sangre en los ruedos que moronga en los tacos. Y lo último que se sabe de ese agasajo nostálgico es que siguen curando sus almas con el mejor curador de tlachicotón que hay desde hace tiempo: ‘El Curro Candela’.

‘El Andariego’ se puso a leer el libro sobre parte de las andanzas del salmantino don Jesús Muñoz López y quedó extasiado con las leyendas del pasador de noticias, y por ello le encendió una votiva pa’ que la gente recuerde por siempre a quien fue un personaje de novela, como también lo fue de la tinta que vio su luz con la información de quienes hicieron camino al andar.

Luego, como aquellos viejos marinos que desde el carajo —la parte más alta de las velas de un navío— divisan, nuestro personaje divisó una próxima aventura y a porta gayola fue a su encuentro, en los lares de la finca ‘La Gloria’, donde don Martín Becerra le presentó a un Xajay.

Y después de frotar la lámpara de Aladino, ‘El Andariego’ aparece colgado en el festival de relumbrones que se dará en la ‘Plaza de Toros San Marcos’, de la merita Aguascalientes, eso el veintitrés de abril; y pa’ mayo, a ‘Fábrica María’, ahí está de ejemplo pa’ quienes les falta afición.

Todo eso me lleva a pensar: ¿si no será este susodicho, inquieto, emprendedor, valiente y andarín, un posible aventado pa’ darse al proyecto o intento de juntar las neuronas suficientes pa’ echar a volar un periódico digital de corte taurino libre? Donde no se refríe, sin rémoras ni mercachifles; donde se retome aquello añejo del verde es verde, sin darle altura a los globos sin aire; donde se exhiba a los paleros de una vez por todas pa’ que no estén contaminando ni usurpando el ambiente, que puede ser parte del camino hacia la nueva época.

En fin, si naiden se ha echado este trompo a la uña es porque está cañón.

 

Mi amigo albañil

Un apreciado —más bien querido— albañil, que me regocija los momentos de enyesado al tiempo que los salpica de anécdotas; además, don Teofanis también es un consejero que, entre otras cosas, dice: —Cuando te vayas a subir a un ladrillo, mide bien su altura—.

Y esto me lleva a pensar: ¿por qué el sentirse escritor ha pasado de lo serio a lo banal? Esto, por el número de obras imaginarias que ahí están enmoheciéndose —si tienen suerte— entre los archivos de alguna computadora.

Más lamentable es el hecho de que los escribientes se asuman como dueños únicos y plenipotenciarios, como si fueran embajadores del tema que escogieron, así sean las canicas que, salidas de Egipto, llegaron hasta ser mencionadas en la Biblia.

Y, dándole más a lo profundo, antes de que terminemos de ahogarnos en una puesta en escena inexistente en la capital, como lo son los festejos de tauro, valdría la pena preguntar a esas catervas lanza-chispas sociales: ¿por qué no le han informado al público cuáles son las reales posibilidades de que se vuelvan a dar festejos en la CDMX y de qué dependen?

Entre las optimistas posibilidades y, en el improbable caso de que se den, alguien se ha preguntado:

¿Y si pa’ entonces la Plaza México ya no seguirá en pie?

 

 

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