Charlas del Tupinamba

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Café Tupinamba

miércoles, 28 de febrero de 2018

TODO LO QUE TIENE CLASE, NO PUEDE MORIR

 Bardo de la Taurina


Cuando el devenir del tiempo alcance el futuro que ya se vislumbra, un genio de la tauromaquia musical   el maestro  Agustín Lara quien nació en el Centro  Histórico de la CDMX volverá entre nubes de tul a contarnos historias de tardes de gloria y de azul como las que le escribiera a Sevilla tierra de maravilla de donde llegó el arenal del albero dorado de Cinco Villas, en el que el día lábaro su pandereta de fantasía paso a ser partitura sobre la que se escribiera una de las letras más hermosas, en tardes de toros  y es que la clase que siempre la ha habido, en la   sortija arquitectónica se abrió a las letras melodiosas de ese cantar gitano que Lara bautizo como ‘Los Cuatro Gatos’ y que abre con aquello de Todo lo que tiene clase, no puede morir.

El designio requería de un estuche lujoso, pletórico, aromático y multicolor, que solo  dos empresarios al alimón  fundidos en un  lingote de clase taurina podían brindar don Luis Marco Sirvent y doña Lucero Domínguez Cobián, se sortearon vicisitudes de esas que los duendes de los caprichos hacen cuando meten la cola de trinche y un toro se les despitorro en la alfombra roja del desembarque, más  la suerte no se  despego de los empresarios, hasta que un emisario de la fortuna salió al quite sacándose de la chistera mágica  un toro de clase premier de la ganadería de San Marcos, al que le pusieron en el pizarrón  ‘Clase’ y así pasara a la historia como el primer lucero de casta que se indulta en Cinco Villas.

 A Fermín Rivera le cayó el  virtuoso y con la vara de lujo, el clamor popular, empezó a estallar en alegoría como si el maestro Lara, batuta en mano, estuviese bordando  su creación  ‘Serpentina’ que dice;  Suenan cascabeles, alfombra de confeti, música de vidrio, ritmo de cristal, pinta un arco de  luz…’ y pa’ rematar aquel frenesí de clase, bravura, alegría, nobleza y trasmisión, vino el indulto de un toro pa’ el que ahora habrá; Cada noche un amor, distinto amanecer, diferente visión…

Quienes vivieron aquello, fueron testigos de cómo se dio una tarde de toros con una plaza hasta el reloj,  un toro que honró su divisa, un torero sobrio, un juez digno, un público apasionado,  y por ello pa’ recordar que la fiesta  debe de ser como se dio en Cinco Villas, en el libro de odas ‘Larianas’ la apertura  será con la frase; Todo lo que tiene clase, no puede morir y es que trapío, torería, letras, música, pintura, poesía, sol y alegría,  fue lo que ahí se vivió y eso es pa’ recordarse… ¡Sí Señor!

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