Bardo de la Taurina
Este fin de semana que recién se palmó, dos chavales lograron
trasmitirle a la estructura y al forrado de concreto de la Plaza México, una
expresión casi en extinción y que es el ‘¡Aquí hay un torero!’ lo cual es muy
diferente a solo andar en el toro o vestirse con trajes de brillo y
lentejuelas, no, nada de eso, en la calada con instructores y sinodales que se llevó
a cabo el sábado pasado un chaval traía la
actitud de quien tiene hambre de la
panza y del espíritu, pero lo más importante es que tiene sello, marca,
distintivo, le mientan ‘El Cozumel’ y se llama Pedro Octavio Ávila ¿de dónde apareció?
Pues es obvio aunque bien visionario el joven toreador abandonó su Quintana Roo
y tomo la legua en busca del oasis que lo es Tlaxcala, no se trata de un niño
de esos precoces ni súper dotados, lo cual me parece muy bien, ni creo que
tampoco venga de ninguna escuela, pues da la impresión que a veces suspira por
un taco o por un pitón, entonces menos va a pagar unos tenis Reebok o la cuota
pa’ el día del maestro, ‘El Cozumel’
trae la sangre caliente a flor de piel, su mayor virtud es que trae la
luminosidad del Caribe y por eso se le mete a la retina a quienes ya lo vieron,
por ello le paso el tip a usted que anda
en busca de las raíces de la torería.

¡Perdónalos Señor! no saben lo que vieron ni menos lo que
dicen
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