miércoles, 8 de abril de 2026

 


Nostalgias de apenitas
‘Cerro Gordo’ 80 años - ¿México es qué? - Ya no está… -
Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce - Colombianos inmensos - ‘El Andariego’ - Mi amigo albañil


Bardo de la Taurina

En la Fiesta, cuando el círculo de empresa, ganaderos, toreros y público se convierte en tres caras, por no tomar en cuenta a las de arriba, todo se descuadra y es cuando los vivales empiezan a mamar de una ubre que ya está contaminada y solo logran expandir el hedor de una Fiesta moribunda, que no necesita ser revivida, sino del surgimiento de una época distinta.

‘Cerro Gordo’ 80 años

Cuenta la leyenda —legendaria— que quienes habían iniciado la peregrinación desde Aztlán, que debieron haber sido los mexicas o aztecas, se aproximaron a Tenochtitlan por el rumbo de Ecatepec, lo cual convirtió a este sitio en algo muy significativo dentro de la historia, y más aún de la taurina, pues ahí, hace ochenta años, don Guillermo Rodríguez Caballero asentó la que llegaría a ser la hoy histórica ganadería de ‘Cerro Gordo’.

Esto debió haberse llevado a cabo allá por el año de 1946, fecha que está por demás subrayar en la historia del México taurino. ¿O es que ya se nos borró de la memoria que en ese año fue inaugurada la Plaza México?... ¿Qué pasó, mis valedores? No la chiflen, que es cantada.

La divisa de la casa ganadera pudo haber sido tomada del cielo celeste y del aroma verde de la caña. Lo bautismal de ‘Cerro Gordo’ debió deberse a la elevación volcánica que pertenece a la Sierra de Guadalupe, esa ataviada de cantera color de rosa, tan mexicano, que la estrella Dolores del Río lo tomara pa’ su fundación ‘Rosa Mexicano’, que tanto bien ha hecho a los niños de México, a los que la moneda no les brilló con la luz de la fortuna.

Hasta ese lugar, predestinado o a vuelo de azar, en los inicios del principio, llegaron de ‘San Mateo’ —que sobra subrayar es una ganadería madre del campo bravo mexicano— un semental y cuarenta vacas pa’ engorda; años después la inmigración creció con un doblete de sementales y un tostón de hembras.

En la primera entrega, como en las subsecuentes de campo a ruedo, se cuidó en demasía la selección de la casta, la bravura, el trapío, la edad, hasta que llegó aquel año de 1957, que fue, por cierto, en el que el ‘Ángel de la Independencia’ literalmente voló, acelerado por aquel trágico terremoto.

Y así se presentó en sociedad el hierro, el de trazos estilizados adelantados a su época. Lo que sucedió el veintitrés de junio, en el ‘Toreo de Cuatro Caminos’, que le abrió los brazos a los embajadores de ‘Cerro Gordo’ en su modalidad de novillos. Quienes los lidiaron fueron los de apellidos similares Rodríguez: Norberto, Rafael y Mariano. La expectación fue grande, como en todo debut clase premier, y más el de esta ganadería poseedora del atractivo que estaba —y está— a un suspiro de la ‘Catedral Metropolitana’, donde por primera vez, en lo que sería el sitio sacro, se lidiaron toros.

El hierro, firme en su evolución, ya estaba listo pa’ mayores encomiendas, como pasar lista de presentes en la Plaza México, con una terna de interés popular, pues ya los bureles de la familia Rodríguez se pintaban solos por su majeza y bravura, bien desarrolladas a la hora de la conjunción de hocico y arena.

Catorce de agosto de 1960: ‘Cerro Gordo’ pa’ el espectacular Antonio Campos ‘El Imposible’, un torero al que la Fiesta no terminó de hacerle justicia; Felipe Rosas, que su solo apellido lo dice todo, incluyendo el aroma de su temple; y Jaime Rangel, un guerrero de las telas. Y decir que esa tarde, ante una gradería robusta, los llegados de Ecatepec salieron boyantes en general, y uno muy formal le pidió la cartilla a ‘El Imposible’, y ambos se conjuntaron hasta el estallamiento de las palmas, dando a luz que en Antonio Campos había un lidiador entendido.

Y cómo no pasar lista de presentes de aquel 27 de septiembre de 1953, en aquella tarde sui géneris en la que Juanita Aparicio solicitó a La México dos de ‘Cerro Gordo’, ‘Jazminero’ y ‘Rosalito’, pa’ ella solita. El que se fue, sin una oreja.

Y recordar que esa casa ganadera siempre se distinguió por bautizar a sus ejemplares con nombres significativos como ‘Califa’, ‘Sevillano’, ‘Condesito’; y qué decir de ese encierro de plata compuesto por ‘Platerito’, ‘Joyerito’, ‘Tortolito’, ‘Girasol’, ‘Aventurero’, ‘Lucerito’, lidiado en la mismísima Plaza México en 1969.

Y ya pa’ pirarnos, hay que subrayar que hoy en día —y en los que le antecedieron— los herederos no se han bajado del caballo y, a pesar de los tiempos, unos más difíciles que otros, ahí sigue ‘Cerro Gordo’, pa’ orgullo particular de las casas ganaderas y, en lo general, de la Fiesta Brava.

 

¿México es qué?

Así como aquí no se escribe de la retahíla familiar, a menos que esta traiga etiqueta de pública, tampoco lo hacemos de algún nonato hasta que no pasa a ser bebé, o de algún proyecto o manuscrito no publicado. Lo que nos dice que eso todavía no es un libro como tal, sino solo un futurismo difícil de darle validez por desconocido, con el peligro de que además nos metan gato por liebre con el título.

A ver, citemos algunos títulos que van en la línea de la concordancia: ‘México es guadalupano’, ‘México es futbolero’, ‘México es molero’; pero titular que ‘México es taurino’ como que le sobra pápalo quelite al taco, pues precisamente por tener una Fiesta debilucha, dentro y fuera del ruedo, de un escupitajo la borraron en la CDMX.

¿Algunas dudas? Disipémoslas: la última figura mayor, que lo fue Manolo Martínez, muere en 1996; y el del escalafón menor, Valente Arellano, lo hizo en 1984. Y decir que Eloy Cavazos se quitó en 2008 el añadido y fue incapaz de echarse al hombro un movimiento aguerrido pa’ la defensa de la Fiesta.

Al cambio de eso, ojalá quienes titularon así su compendio —que esperemos no venga enclenque en su contenido— nos regalen, entre sus páginas, algunas recetas placeras de las exquisiteces que suelen venderse alrededor de los alberos, de las que luego naiden se acuerda.

Ya no está…

Un maletilla del siglo viejo recordaba lo ardientes y dolientes que se sienten los varetazos y los pesuñasos de novillo; más, en su caso, el alivio llegó con un fuerte jalón de pescuezo y la consabida arrastrada que le brindó el desconocido y oportuno Adolfo Guzmán Zaragoza.

Estaba en Jerez de la Frontera y, como suele pasar en los momentos importantes, la marcha empezó a cascabelearle con ese toser de insuficiencia; el camino a Sevilla, un viacrucis. Los de blanco, muy diestros, le amarraron seis stents, que son remedios pa’ la máquina grande.

México y Venezuela fueron los lares de sus hazañas. En el primero logró formar al último ídolo novilleril, Valente Arellano, y levantarles esperanzas a otros que creían en su varita mágica, lo cual, sea dicho, no se logró. Y allá por el Pico de Bolívar se alternativó. ¡Era un vivo, vivo!

La importación de ganado bravo mexicano para reproducción estaba prohibida, más no pa’ el que se ponía de acuerdo con quién sabe quiénes; y, soportado por un toreo de algarabía, indultaba en las plazas cuantos toros se le ocurría, a los cuales, durante la lidia, se les habían cuidado con alfileres, y por humanidad no se les sacrificaba, e iban a parar al campo bravo venezolano ya en forma de sementales.

Alcanzó a regresar a su tierra de nascencia y de ahí a Querétaro, donde la vida de aventurero terminó de echarle montón y le empezó a cobrar todas las facturas, dejando poco espacio pa’ su salud, sobre todo por ese rumbo de los riñones. Quería armar una campaña pa’ un torero español que había descubierto, un ‘tío’ que hasta el último suspiro apostó por la toreada.

De la que fue un maestro de la sagacidad y los malabares, como ese que en la plaza de Guadalajara se sacó de la manga, a una hora (60 min.) de comenzar el festejo —con el público abarrotado hasta las nubes pa’ ver a su Valente Arellano—, Adolfo Guzmán se presentó afligido teatralmente ante el empresario y le dijo:

—El torero está ardiendo en temperatura, con vómitos, náuseas, desmayos… y así no puede torear.

—¿Ya llamaron a un doctor?, ¿cómo se le puede parar eso?

—Solo hay una vacuna, o medicina, o transfusión.

—¡Pues que se la pongan!

—Pero eso cuesta.

—¿Cuánto cuesta?

—$$$$$$$$$$$$$

Al escuchar la cifra, al empresario le dio diarrea… ¡Valente, triunfo!

Todavía es temprano pa’ que su historia se haga leyenda, y de ahí empezaremos a jalar y jalar del anecdotario, porque Adolfo Guzmán fue un hombre de vivencias cuya última llamada fue pa’ decirle a este escribano:

—Mi hermanito, va a venir mi hija de Madrid; te pido una comidita en tu casa, pa’ que ella vea ¡cuánto me quiere la gente!

Ya la sentía muy cerquita, pues entendía la muerte al dedillo, como se la habían enseñado dos de sus toreros, fallecidos trágicamente entre el ronronear de los motores.

Del espontáneo de Agustín Lara al de Enrique Ponce

Cuánto coñac y cuánto whisky —sus favoritos— habrá pasado por las gargantas de ese par de figurones mundiales que lo fueron el maestro Agustín Lara, nacido en la calle de Colombia de la capital azteca, y el purista Enrique Ponce, de Valencia, España; quienes le dieron relevancia al personaje del espontáneo a través de segundas personas: uno, que lo fue el torero potosino Fermín Rivera, alternativado a los diecisiete años; y el otro, un novillero de veintiséis años, nacido en la cafetalera Manizales, allá en Colombia.

La historia minuciosa y escabrosa del primer caso —el Lariano—, en el que ‘Novillero’ es vértice de una de las partituras de mayor tronío, junto con los otros temas de la ‘Suite Torera’, está resguardada tras un puente levadizo, donde el amurallado se reforzó con cerrojo bajo doble llave, la que, una vez librada, conduce al patio de armas y de ahí a algún pasadizo secreto o hasta la torre de homenaje, que es el sitio más alto y, por ende, el más seguro de un castillo de ‘Embrujo y Fantasía’.

En la obra aparecen láminas pictóricas de la creatividad del artista Fco. Álvarez, las cuales lucen esplendorosas, tal cual lo merecen los pasodobles larianos, como el que reza:
—Que un domingo en la tarde se tiró al ruedo pa’ calmar sus ansias de novillero…—

La segunda versión se dio con anterioridad a la administración de don Ramón Arce, cuando un novillero se le tiró de espontáneo a ‘Su Majestad’ Enrique Ponce, en la única tarde en que no lo debió haber hecho, por el más mínimo respeto a la investidura del referido, quien está dentro de los tres ídolos más queridos, admirados, valorados, respetados y seguidos por los mexicanos, junto con Paco Camino y ‘El Niño de la Capea’.

Poniendo a su juicio, lector, que quienes mayor expectación han levantado lo fueron Manuel Rodríguez ‘Manolete’ y Manuel Benítez ‘El Cordobés’, a los que años después se les unió Julián López ‘El Juli’.

Este hecho incomprensible del espontáneo pudo llegar a tocar lo político, al haber sido usado México como sede o trampolín pa’ darle carrete a un galimatías surgido en un país sudamericano, donde, por añadidura, se involucró a un reconocido personaje español que había sido convidado a que nos brindara su arte, en una de las tres fechas más simbólicas de su vida torera, junto con la despedida de Madrid y Valencia.

Hemos de decir que el colombiano tendrá que resultar un fenómeno, como lo fue ‘El Juli’, pa’ sobrevivir sobre nuestros novilleros y maletillas, que en Tlaxcala brotan debajo de cada piedra y, en todo el país, por arriba de ellas.

Y pa’ que naiden viva engañado de lo que en sí es este medio, nunca olvidaremos que la empresa de aquellos ayeres le negó al maestro colombiano César Rincón despedirse en la Plaza México… y no pasó absolutamente nada.

¡Ah!, pero eso sí: a quienes llevaron esas faltas al filo de la navaja nadie les va a quitar el sambenito.

Y después, vaya usted a saber cómo, de una chistera le salió al manizaleño un aficionado bondoso, apasionado, caritativo y limpio personaje, que lo es don Ramón Arce; y, de golpe y porrazo, el torero se hizo de un patrón de chamba, apoderado, plaza de toros pa’ la práctica, training manager, vocería de medios y hasta de una espuerta grandotota donde soñar y planchar la oreja después de jamar como figura. ¡Benditos don Ramón Arce y señora!

 

Colombianos inmensos y taurinos

¡En busca de lo más sencillo, que en sí es lo majestuoso, vengan las letras pa’ recordar a genios colombianos como don Gabriel García Márquez, Fernando Botero, Cristóbal Álvarez y César Rincón, quienes le aportaron a México su bondad artística a manos llenas: literatura, escultura, pintura, toreo y agradecimiento!

Y permítaseme la osadía, a manera de anécdota, el recordar una noche al arropo del piano, cuando un mesero descargaba de su charola algunos tragos y, como a este escribano le quedaba más cerca, le entregó el primer chínguere, el que de inmediato el Bardo se lo cedió al inmenso Gabriel García Márquez, quien expresó:

—Usted es mexicano y estamos en su tierra, así que por educación no cometeré una falta de respeto—

Ellos son algunos colombianos que, en persona o en referencia, hemos tenido la suerte de honrar y respetar.

Y solo hay que decir que hay colombianos que ni siquiera admiten comparaciones, como no la admite tampoco su impresionante ‘Catedral de la Sal’ en Zipaquirá, su folclor urbano, sus vallenatos, su gastronomía con su típica ‘Bandeja paisa’…

‘El Andariego’

Es costumbrismo sorprenderse con todo tipo de sorpresas que, como matas, brotan en el Centro Histórico, y aquel mediodía no sería la excepción:

—Yo soy ‘El Andariego’, Jorge Arriaga Vidales—

Su estampa, ataviada de color catafalco; la charla inició al tiempo que de sus manos, como majo y mago callejero, sacaba una montera que se veía no había pecado.

—Oiga, ¿ando buscando su libro?

—En el Callejón de la Condesa lo podría hallar, o si no, en la Porrúa.

El Bardo seguía ahí, preocupado, pues en pleno sol, en una de sus talegas, traía varios Centenarios… de chocolate, que ya iban camino al derretimiento. ¡Vaya preocupación!

‘El Andariego’, que es una rocola de soltar la lengua, aparte de muy creyente en la fe que bendice a los bienaventurados, seguía preguntando por circunstancias y toreros en los que él no cabe, porque más bien es un mecenas de la locura —la suya y la de los demás—; eso sí, él siempre va por delante, con el papalote de billetes volando por doquier. También es un soñador, el que asegura que si su padre lo hubiera apoyado con parné hubiese llegado a tomar la alternativa.

Se expresa con propiedad, que denota que se bebió la abogacía, al grado que hoy día ocupa el importante cargo de ‘Presidente del Colegio de Jóvenes Estudiantes y Nuevos Profesionistas de la SCJN, A. C.’.

Tiene unos conceptos muy propios sobre el crecimiento, la ayuda y la preservación de la toreada, sobre todo entre los jóvenes, lo que me lleva a pensar que, sin duda, se trata de un hombre de buen corazón; de esos que, al recordar a ‘La Plaza México’, les va bien aquello que san Álvaro Carrillo escribiera en su ‘Andariego’:

Hoy siento la nostalgia de tus besos,
de aquellos tus ojazos,
de aquellos tus amores…

No dudo que este Jorge Arriaga Vidales, entre sus cualidades, tenga la de sommelier, pues con tirabuzón que no cedía logró hacerse del número del iPhone, advirtiéndole que este escribano suplica porque: —hoy quiero la calma y el sosiego…—, como inspiró el de San Juan Cacahuatepec.

Sonó el celular informando que ya tenía uno de los libros sobre ‘Silverio Pérez’ y que solo le faltaba la dedicatoria. Ya en casa, aquello fue bordar y tejer, y nos dieron las diez y las once, las doce y la una…, más visitas acompañadas de vinos exquisitos que su familia enviaba.

No para de indagar, con la sensibilidad de saber valorar. Más tarde tuvo la idea de homenajear a ‘La Plaza México’ en sus ochenta años, y lo hizo en vivo, con todo y la tradicional banda de música del recinto.

Luego se fue a ‘Sevilla Tlaixpan’ a darle pleitesía a ‘El Breco’, que ya anda arañando el tostón de alternativado; entre ellas, muchas tardes de sobrevivencia, porque Miguel Cepeda ha dejado más sangre en los ruedos que moronga en los tacos. Y lo último que se sabe de ese agasajo nostálgico es que siguen curando sus almas con el mejor curador de tlachicotón que hay desde hace tiempo: ‘El Curro Candela’.

‘El Andariego’ se puso a leer el libro sobre parte de las andanzas del salmantino don Jesús Muñoz López y quedó extasiado con las leyendas del pasador de noticias, y por ello le encendió una votiva pa’ que la gente recuerde por siempre a quien fue un personaje de novela, como también lo fue de la tinta que vio su luz con la información de quienes hicieron camino al andar.

Luego, como aquellos viejos marinos que desde el carajo —la parte más alta de las velas de un navío— divisan, nuestro personaje divisó una próxima aventura y a porta gayola fue a su encuentro, en los lares de la finca ‘La Gloria’, donde don Martín Becerra le presentó a un Xajay.

Y después de frotar la lámpara de Aladino, ‘El Andariego’ aparece colgado en el festival de relumbrones que se dará en la ‘Plaza de Toros San Marcos’, de la merita Aguascalientes, eso el veintitrés de abril; y pa’ mayo, a ‘Fábrica María’, ahí está de ejemplo pa’ quienes les falta afición.

Todo eso me lleva a pensar: ¿si no será este susodicho, inquieto, emprendedor, valiente y andarín, un posible aventado pa’ darse al proyecto o intento de juntar las neuronas suficientes pa’ echar a volar un periódico digital de corte taurino libre? Donde no se refríe, sin rémoras ni mercachifles; donde se retome aquello añejo del verde es verde, sin darle altura a los globos sin aire; donde se exhiba a los paleros de una vez por todas pa’ que no estén contaminando ni usurpando el ambiente, que puede ser parte del camino hacia la nueva época.

En fin, si naiden se ha echado este trompo a la uña es porque está cañón.

 

Mi amigo albañil

Un apreciado —más bien querido— albañil, que me regocija los momentos de enyesado al tiempo que los salpica de anécdotas; además, don Teofanis también es un consejero que, entre otras cosas, dice: —Cuando te vayas a subir a un ladrillo, mide bien su altura—.

Y esto me lleva a pensar: ¿por qué el sentirse escritor ha pasado de lo serio a lo banal? Esto, por el número de obras imaginarias que ahí están enmoheciéndose —si tienen suerte— entre los archivos de alguna computadora.

Más lamentable es el hecho de que los escribientes se asuman como dueños únicos y plenipotenciarios, como si fueran embajadores del tema que escogieron, así sean las canicas que, salidas de Egipto, llegaron hasta ser mencionadas en la Biblia.

Y, dándole más a lo profundo, antes de que terminemos de ahogarnos en una puesta en escena inexistente en la capital, como lo son los festejos de tauro, valdría la pena preguntar a esas catervas lanza-chispas sociales: ¿por qué no le han informado al público cuáles son las reales posibilidades de que se vuelvan a dar festejos en la CDMX y de qué dependen?

Entre las optimistas posibilidades y, en el improbable caso de que se den, alguien se ha preguntado:

¿Y si pa’ entonces la Plaza México ya no seguirá en pie?

 

 

jueves, 26 de febrero de 2026



Una muestra de lo natural de Donaciano en este ‘natural’ con la capa, 

creado por la naturalidad de César Rincón.

‘Nada de Nada’ 

El Bardo presentó su libro

Don Botello y Páez, su arte

Situémonos en una de esas noches en las que la lunera no calienta, pero incita a la calentura; y pa’ que se nos baje, ejemplifiquemos cómo escriben los extorsionadores de las letras, que a falta de un billetillo o bolillo que les tiren al piso los chulos que castigan, solamente garabatean con desdén eso de que en cierto lugar fue presentado el libro ‘Nada de Nada’, de la autoría del muy frecuentemente aborrecido ‘Burdo’, apodo que le fue endilgado por Leonardo Páez, el autonombrado ‘Hijo del Hombre’.

Sobre el libro, decir que la presentación estuvo llena de pompas de jabón y medias de aserrín con anilina, como era costumbre en el ‘Toreo de la Condesa’ en las tardes de petardos. El show ocurrió sobre las cuatro de la mañana del presente calendario, donde el escribano sorprendió con una portada, lomo y contraportada que de inmediato intrigaron por su transparencia, sin algún óleo o acrílico de los maestros Jorge Matchain, Fco. Álvarez, Ricardo Guevara, Juan Antonio Ruiz, Escamillo Art., que son asiduos en las coloridas presentaciones de libros de la misma reata. 

Los fantasmagóricos de la legua, cuidando las formas como lo hacen los fifiruchos en sus presentaciones color de rosa con sonido de sonajas, que se organizan ellos mismos pa’ auto aplaudirse con sus manitas salidas de entre el tul de sus mangas, caterva que nadita tiene que ver con los reales protagonistas de la sociedad; porque, de ser así, la Fiesta sería totalmente elitista cuando lo es de masas.

 Pero ¡cuidado!: ya se les están colando rémoras sin apellido, sin sangre pura, sin taurinismo, con solo oportunismo.

 En la imaginación se escuchaban languidas gaitas que revivían la musicalización de aquella novela ‘El Fantasma de la Ópera’; sobre ella montada la voz del sereno que recibía al incendiario ‘Demonio de Pasiones’, el que, dicho sea, no necesitaba que le abrieran ‘La Puerta Grande’, pues en eso de puertas era experto, ya que a muchos les cerró la de cuadrillas, no porque les temiera en el ruedo, sino solo porque se le daba la gana.

Y un inciso pa’ recordar cuando ‘El Mandón’ no pudo mandar cerrarle la puerta al oriundo de Zahara de los Atunes, en Iberia, y enfadado preguntó:

—¿Qué tiene ‘Paquirri’ que no tenga yo?

—Es un padrote de siete suelas.

—Banderillea arrasando con todo.

—Y tiene un estoque de fuego.

—¡Ay carajooo!… No entendió el doble sentido.

Mas vaya sorpresa: todas las hojas vienen en blanco. No hay nada que leerles porque no hay nada de qué escribir.

¿Pero qué no se supone que este libro sería una crítica objetiva sobre la Fiesta capitalina, la que ha dado héroes como la albañilería que levantó ‘El Embudo de la Nochebuena’ sin la tecnología del presente; cubeteros y expendedores de almohadillas y pepitas a los que hasta una propina se les ha negado; ídolos como los tres regios —Garza, Martínez y Cavazos— serían un buen ejemplo; figuras tal cual ‘El Zotoluco’ y José Adame, casi los únicos; mártires como José Rubén Arroyo y Arturo Macías, que por fortuna viven pa’ presumir su hombría? 

¡Sí!, sobre de eso trataría la obra, que empezaría por el final, que en la capital está fenecido. 

¿Será que últimamente nos han estado poniendo los cuernos? Y en efecto: No hay nada de nada.

Ya van a dar las cinco de la madrugada. El Bardo, raro en él, está gozoso, pues la presentación se dio sin codazos por agandallarse los bancos del centro, sin faramallas, sin aplausos sacados con tirabuzón, sin melcocha. La retórica, en menos de un minuto: 

¿Usted puede no criticar una Fiesta que necesita de un movimiento, donde tienen un “Presidente Vitalicio”, sujeto a meter el guarache en cualquier momento, como cuando nos serrucharon la Fiesta, y seguir ahí, error tras error? 

Y si a eso le agregamos que ahora los cronistas tienen que recurrir a la novela, los pintores ya no tienen inspiradores, los fotógrafos el trapío en puntas solo lo pueden captar en Insurgentes, Tlalpan o Sullivan, lo que nos lleva a pensar que estamos viviendo una Fiesta de inventores. ¡Cuidemos a los que tienen talento! 

Así de breve, porque los murciélagos en la oscuridad se alebrestan, no como las luciérnagas que llegaron tranquilas desde la dehesa de ‘La Joya’; la lechuza coqueteándole toda la noche a ‘Los Dos Búhos’, los que abrieron el primer hospital de anteojos en los años treinta; ‘La Gata Bajo la Lluvia’, dispuesta a entregarse al menor cite; un aplauso pa’ el sapo que por respeto en toda la madrugada no eructó; el vampiro, que es marqués de Bacardí, preguntó: ¿No nos estaremos engañando pensando que ‘La México’ reencarnará?... Pues eso que nos lo conteste el inmenso Rubén Fuentes con su ‘Flor sin retoño’, donde dice: “esa flor ya no retoña, tiene muerto el corazón”… gemía Pedrito, el de Huamúchil.

Antes de que se nos pase, decir que los meseros charolearon: tostadas de maíz azul con caviar y huitlacoche, acompañadas de ‘París de Noche’, ‘Noches de Pasión’ y ‘Curado de Zapote’.

Esto hasta que llegaron ‘Las Mariposillas de la Noche’ y cada uno se colgó de su alcayata, ya que como no hubo libros que regalar, la casa se puso guapa con los cachuchazos. 

 

                                                           Arte fotográfico: Botello

                ‘Don Botello’ y Páez, rebosantes de arte 

Si usted desea ir tras ‘Las Minas del Rey Salomón’, pues se abrocha su cinturón y a volar hasta la parte baja de Israel, donde se encuentra el Valle de Timna, y ya llegó; pero si lo que desea es dar con verdaderas joyas taurinas, comenzando con las de carne y hueso, pues a sacar la lupa y buscar a los verdaderos atesorados, como el legendario fotógrafo y museografista, el “patzcuarense” Donaciano Botello, hijo predilecto de la Fiesta calé, a la que recién le montó un acto de luces en la Casa de la Cultura de Celaya, Gto.

Pa’ lo cual, en esa ocasión, llevó a su vera, en la cuestión del léxico, a quien no necesita panegíricos: Leonardo Páez, en lo que se tituló como ‘Los Mejores Pintores de México’ (difuntos), más un pintor del Bajío como muestra de que la mata sigue dando; se trató de Juan Antonio Ruiz, pincel sobrado de intensidad a través de sus lienzos.

‘Don Botello’ fue, por decisión propia del ‘Mandón’ Manolo Martínez, uno de sus fotógrafos oficiales de sus hazañas, del que hasta un libro de gran formato le hizo, después de haberlo apantallado con el primer revelado que,  transformado en fotografía, revivía un estoconazo, el que fue cobrado con dinero del azar ganado con las cartas sobre la mesa… así se las gastan las figuras, ambos dos a la par juntos.

Mas la máxima anécdota —que más bien es historia— de este maestro del clic lo fue la tarde que, estando en el callejón de la Santa María de Qro., un toro saltó al callejón y ‘Don Botello’ lo vio lejano a donde él se encontraba y no tomó en cuenta que el burel ya venía a todo galope; y cuando apresuradamente trató de saltar al ruedo, la correa de su cámara se atoró con algo en las tablas del lado interior, quedando su cuerpo mitad mirando al estribo y la otra mitad colgada hacia adentro del callejón, en donde el toro, al verlo, le aventó la cornamenta, abriéndole la pierna a lo lindo en un par de cachos que casi se juntaron, acabalando el medio metro.

Y con la fuerza del testuz el burel mandó a ‘Don Botello’ al ruedo, mientras iba tras él solventando puertas y trancas. Un banderillero le grita: ¡salta!, ¡salta!, pero el maestro fotógrafo ya no podía mover el esqueleto, cuyo forro de carne aventaba sangre a raudales; por lo que el subalterno, en una maniobra llena de milagrería, logró pescarlo del chaleco invernal y con toda la fuerza pudo pasarlo del otro lado, al tiempo que al tercer gañafonazo retumbaban las tablas.

El Dr. Alcocer, como pleonasmo, bordó con arte al arte mismo, después de haber descubierto las dos trayectorias que, si hubiera sido otro menos ducho, hubiéramos escrito un epitafio:

Se fue al cuarto oscuro,

iluminado por lo preciso de sus disparos,

que a buen puerto lo llevaron,

porque donde vivimos es un infierno.

Busque la exposición en internet, donde salen todas las obras exhibidas; le recomiendo las del gitano Jamaica, quien toreaba a la vida dentro de un pomo y por eso sus pinturas son tan pulcras; y además ahí conocerá al hombre que vivió pa’ contarla y fotografiarla a toda velocidad, emulando a Isaac del Toro.


Arte: Gerardo Jamaica

lunes, 2 de febrero de 2026

 

      Arte: Rafael Guízar

Plaza México
‘Me despertó la realidad’
Juan Gabriel

Sentí tristeza al comprender que no fue un sueño…

Bardo 2026

Entre los diamantes de la luna,
oscila una tierra brava y apasionada,
que en su girar se hizo Fiesta torera,
pinturera y ahora altar sin veneración.

Por estas fechas hay que sacar el chal azul con los claveles reventones de la abuelita ¿Conchita?, o del baúl de la nostalgia de Don Susanito, o de ‘El Jitomatero’, o de ‘El Pato’, o de ‘El Teniente’, o de ‘El Charro’, o de Doña Gloria Rizo, pa’ orear el hecho de que la ‘Plaza México’ está cumpliendo ochenta años, muchos de ellos de no dar a luz figuras de luces, ni tampoco luminarias como lo fueran ‘María Candelaria’ o ‘María Bonita’, las de los anecdotarios, como cuando:

La duranguense por la mañana diría:
—Va a ir a los toros con nosotros la princesa Soraya, así que llévate unas latitas de pistaches y de nuez de la India…
Y la emperatriz se la pasó degustando pepitas.

Ya luego vino la época de las vacas flacas y la pregunta ahí seguirá: ¿quiénes volvieron vulnerable a la Fiesta y a la Plaza México?

Y como a alguien hay que cargarle el petate del muerto, veamos si hay carpetas de investigación a nombre de algunos de estos individuos (todos con sus excepciones):

1.    Ganaderos; que bajaron la bravura, le sacaron la lengua al trapío; sus seleccionados llegaron a levantar sospechas de cachirules y nunca dijeron que sus reses salían al ruedo más peluqueadas que un sardo en desfile, aunque la higiene del miedo o fraude se la hayan aplicado fuera de sus terrenos.

2.    Toreros; que ignoraron aquello de “que la vida no vale nada” y, por ende, no se la jugaron como lo mandaba José Alfredo, el que está cumpliendo cien años de parido.
Y lo peor, toreros: ¿por qué se prestaron en ocasiones a lidiar bichos a los que había que matar en el corral con Raid mata-bichos?, ¿por qué ningún coleta salió al tercio y desde ahí negarse a dar un solo trapazo y que los azules se llevaran al bote a todos los jueces y a los chupáramos disque de la comisión por solapar fraudes?

3.    Empresarios; que se hicieron de ganado en el outlet y, por otro lado, trajeron a individuos vestidos de toreros que no toreaban, no transmitían y menos atraían.

4.    Público; que nunca supo rechazar carteles y se conformaba con: “de lo perdido, lo que aparezca”.

5.    Jueces; que permitieron que la puerta de toriles no lo fuera.

La respuesta fue: a los citados en su casa los han de conocer y les hablan de tú.

¿Y qué pasó con los que iban a defender a ultranza a la Fiesta y a las plazas?, ¿o qué, Arroyo no cuenta? Si a la plaza, como en tiempos de la Revolución, donde existía un líder, un cabecilla, hasta un porrista del Atlante, que debió de tener la trinchera en los tendidos de la plaza. Pero ¡no! ahí estaba el consentimiento salteadito de asientos. ¿Quién se iba a meter con una masa de cuarenta mil almas que cada domingo hacían estallar el incontenible ‘Volcán de concreto’ de la Noche Buena?

Que se organizó una marcha, sí, pero no la revolución dentro de la plaza, con el animal ese que es una fiera, el que sube el miedo al tendido, siquiera pa’ espantar a la señora que se la pasaba tejiendo o al tipo que resolvía el crucigrama. Por eso el dictamen fue: murió de aburrición. Ya después nomás la sacaron del recinto… popcorn, kisses, tampax, conejitos de chocolate…

Singin in the rain.

Y ahora vamos con la convocatoria a escribir un himno taurino de México que lanzó el torero Isaac Fonseca, el que irá a la ‘Feria de San Isidro 2026’, a la que tiene que ir a colgarse de los pitones y, si es necesario, sacrificarse en ellos o jugársela. Y a ver si pega con esa forma de torear y de conducirse al estilo pop, y luego a reventar los morrillos pa’ catapultarse hasta el dintel y salir por entre las jambas de la Puerta Grande de la plaza de Las Ventas de Madrid.

Y aclarar que es casi obligación que tiene el michoacano de salir en volandas; nadie se la impuso más que él, el que ha divagado por todos lados reclutando catervas que le hacen el caldo gordo a su promoción personal. Más una tarde el toro le va a preguntar: ¿usted es matador o promotor? Y si la respuesta no gusta, va a volar más alto que los juguetitos de la NASA, los que cuando se salen de órbita bajan bastante desquebrajados. Y si le agregamos las consecuencias de los aterrizajes… en una de esas ni queda huella, diría el Bronco.

¿Y pa’ ahorrarle lectura se podrían incluir aquí las solicitudes de ‘¿Tauromaquia Mexicana’ pa’ un ensayo y un diseño, relacionados con el alboroto de los quinientos años de echar la capa aquí? Nada más una observación: si México fue declarado país en 1821, ¿de dónde salen los quinientos años? Y ya metidos en el enredo de las cifras, si España se constituye como tal en 1812, ¿de qué origen fueron los primeros toros que llegaron aquí en 1526?

Esto de andar rascándole a la historia sin tener comezón va a dar como resultado que se infle eso de las corridas incruentas, que fueron las originales, pues ahora se sabe que los primeros animales no se pasaportaron; de ser así, se hubiera terminado la materia prima rapidito.

Quinientos Años Pozolero

Ahora los invito, más seguro, más marrado, a celebrar los quinientos años y más del pozole, que esos naiden los puede objetar, pues desde en denantes, que los de allende del mar arribaran por acá, ya el dios Xipe Tótec era acreedor a que en su honor, Moctezuma y la raza se zumbaran unas jícaras con pozolli, aderezado con carne humana o de xoloitzcuintle. Y luego los de Iberia, esos que usan sotanas, se pasaron por debajo de ellas un precepto bíblico sobre las pezuñas divididas y el no rumiar de los cerdos… y los guisaron.

 


miércoles, 14 de enero de 2026

 


Narrativa multilíneal
El ayer sobre el hoy
Bardo de la Taurina

 

Plaza México
Lo que sería el nuevo auditorio

 

De rodillas
Las ‘suertes’ y las imposiciones

 

‘El Soldado’
El que más llegó a cobrar

 

Extraño ladrar
¿Pa’ qué sirve la libertad?

 

Coincidencia

                                             ‘Manolete’ y ‘Joselillo’

 

¡Venga la nostalgia!
¿Pa’ qué escribir de los palmados?

 

¿Concursos o Caldo gordo?
Estrellas por un día

 

La Rememoración
500 años muy ojones pa’ paloma

                                      Plaza México

Como pa’ el Mundial 2026 los cálculos no renales —que esos vendrán cuando les fallen los otros— dicen que llegarán al país 5,000,000 de visitantes, esto según la ganadera o heredera de Atlanga y/o secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora. En el improbable caso de que así sea, sobradamente alcanzaría pa’ unos seriales, en el interior, además como ya estamos en el año de meter la pata fuerte hasta se podrían aventar un golazo usando la plaza mayor pa’ instalar unas pantallas gigantes los días de la ola verde con los chíngueres de todos sabores.

Y perdóname, Santo Niño de Atocha, si por andar dando ideas nos salen con unas incruentas y aquello termina como El Rosario de Amozoc. Y es que hay que cuidar el recinto, porque pudiese ser que, una vez rasurados los generales, la parte de numerados y el ruedo, ya sin tablas y sin gorrones, podría convertirse en el Auditorio Las Brisas.

Con un escenario giratorio pa’ que luzca ‘Bad Bunny’, y en otros días darle usos múltiples: Pista de patinaje sin frío, exposiciones de toda índole, concursos amañados dirigidos por nuestra ‘Miss Universo’, y hasta instituir los jueves Las Noches de Table Dance, al compás del álbum Erótica de ‘Madonna’, con las que las figuras harían el paseíllo en tangas de luces pa’ después cargar la suerte al natural.

Eso sí, se cuidará el trapío —bueno, la percha— pa’ que el público pueda sacar los pañuelos blancos pidiendo el rabo, digo, por aquello de los recuerdos.

De rodillas

De José Alfredo Jiménez, ‘El Rey’, el del sombreroté de charro y el sarape multicolor más grande del mundo —que en sí son su mausoleo—, este apachurra teclas le tomó eso de andaba volando bajo, muy lejos del cielo… Lo que ocurrió al tratar de recetarles a sus fantasmas unos “Doblones”, rodilla en tierra, buscando la bragada con la lengua de la espada (pa’ pincharlos y provocarles un derrote violento), luego enfrontilarlos y, de “Dentro a Afuera”, darles pa’ sus tunas, rematándolos con unas “Ballestillas”. Y ahí fue cuando se vio en posición de genuflexión el aludido.

Y a propósito de una rodilla en la arena, o las dos, pa’ ejecutar algunas suertes del toreo —las que se dan por gusto, por recurso, por temeridad y hasta por necesidad de prender al público— ¡olé y olé!

O hincar una pierna pa’ las chiras pelas… pues suerte con el hoyito.

Pero que por exigencia de la sumisión los fieles tengan que genuflexarse o arrodillarse y besuquearles la mano a los de las sotanas, sean blancuzcos, apiñonados o patas rajadas como ese que tuvo en su ocaso la Plaza México… ¡qué horror!

¿Quiénes se creen que son? Ni que fueran Silverio Pérez con sus manos magistrales después de ‘Tanguito’, a las que honró Jorge Negrete, o Nat King Cole, que a Agustín Lara le besó esas manos capaces de escribir maravillas como: Silverio, Novillero, Fermín… o aquel pasodoble no muy afortunado al que pa’ sacarse la espina le dio un vástago chulapo. ¿Sabe usted cómo lo tituló?

No deseo decir que el longevo estuvo como lagartija, porque eso nos remitiría a ‘Lagartijo’, que fue un inmenso. Por ello lo nombraron el ‘Primer Califa’ de los cinco que a pulso se ganaron ese honroso título regional de Córdoba, España.

Y cómo no recordar que, en Linares, en la ‘Taberna Lagartijo’, se encuentra (o va) la cornamenta de ‘Islero’, que fue lo único que se conservó del toro que se cargó a ‘Manolete’. Esto con sus reservas, porque en el destazadero los tablajeros echaban a un rincón los pitones de toda la corrida —en este caso la de Miura— y no separaron los fatídicos de los otros, pues en aquellos momentos no se pensaba que el negro, entrepelao y con bragas, pasaría a la historia oscura.

Y pa’ no pecar de malinchismo, hay que decir que México alcanzó a tener cuatro ‘Califas’, juntando a los de varias regiones en las figuras de: ‘El Indio Grande’, ‘El Maestro de Saltillo’, ‘El Ciclón’ y ‘El Mandón’. Bueno, hasta aquí, porque el Quinto Califa todavía no nace… o ¿anda por ahí becerreando?

Aquí bien podrían caber, de hecho, dos casos de figuras que, muy quisquillosamente, si acaso les faltó el peso del mando:
‘Pepe’ Ortiz —su toreo se le puede relacionar con la poesía de Ramón López Velarde— y Silverio Pérez —mexicanísimo en su persona y de profundas raíces españolas en su arte… un torero de gran expresión—.
Citas de José Alameda, en su libro
La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo, Editorial Grijalbo.

 

‘El Soldado’

Abramos ‘La Casa de la Bandida’, la que estuvo frente al ‘Toreo de la Condesa’, cuya mandona —no madona— lo fue Graciela Olmos, quien le compuso un corrido a ‘El Soldado’, el que ahí se vestía de luces pa’ luego cruzar la calle de Durango, mientras ‘Ámbar’, un parguelas que por las noches se vestía de la aguja, se las ingeniaba pa’ parar el tránsito.

Y la gente gritaba:
—¡Te vas a salar, Soldado!

Y al terminar la corrida regresaba a derramar la marmaja, que era mucha, pues a decir del propio matador fue el que más cobraba en aquella época.

Agregaba Luis Castro que, aunque salió de la miseria, también conoció la suerte, como cuando el empresario metropolitano lo quiso debutar como novillero y le dijo:
—Espéreme un año porque estoy flaco y sin fuerzas
Y lo esperó. (1932)

Y recordaba, dentro de la desgracia, que pa’ él fue el toro ‘Cálao’, de Piedras Negras, el que le pegó aquel femoralazo que requirió de cinco drenes simultáneos. De Casa de la Bandida, aquellas beldades —ligeras como las luciérnagas de la noche, otras frondosas como la primavera—, eso sí, toítas bien torneadas, con carnes macizas, coquetas hasta la peineta, diosas de la seducción y alquimistas de ese aroma atrapador… ¡sí, ellas! le llevaban la comida calientita acompañada de unos fogonazos que, decía, fueron los que le ayudaron a no perder no solo la pierna, sino la vida.

Y a propósito del torero que no nació en Mixcoac sino en Niño Perdido:
—¿Cómo era eso de los “medellines” en ‘Casa de la Bandida’?
—¿De qué número calzas?
—Del seis.
—Entonces, ¿pa’ qué preguntas de los del diez?

Decir que en esa casa de citas —donde no se necesitaba cita sino parné— ‘El Soldado’ presentó a ‘Manolete’ con Agustín Lara, quien a partir de ese momento le fue ilustrando sobre el mapa español. Y pienso que el músico ha de haber orientado al coletudo sobre quiénes daban los mejores “Do de pecho” de aquellas a las que les decía musicalmente: vende caro tu amor, aventurera (la inflación siempre encareciendo los lujos).

A propósito de ‘Manolete’, ¿Cuándo confirmó en la Plaza México?

—Maestro.
—Eso no lo soy, porque nunca he pegado tabiques.
—¿Cuál ha sido el momento más recordado en su vida?
—Cuando sobre mis hombros cargué el féretro de ‘Manolete’.

Gratitud al matador Luis Castro y a doña Gloria Rizo.

 

Extraño ladrar

Don Aurelio Pérez ‘Villamelón’, quien lograra la primera transmisión al alimón con Pepe Alameda desde la Plaza México, contaba aquella fábula del Perro que brincó el Muro de Berlín, que más o menos va así:

—Todo sucedió cuando un perro que estaba del lado comunista decidió saltar al otro lado del muro.
—Y un perro vecino le preguntó: ¿por qué has saltado a este lado?
—Porque extraño ladrar.

Y versando sobre la libertad, ¿qué le van a hacer los puyazos majaderos al empresario? Que en el caso de Mario Zulaica se los lanzan por lo guapo que es (lejía pa’ la envidia), y menos a los dueños de una mole de concreto como lo es la Plaza México, que de todas maneras harán con ella lo que más les convenga, como sucedió con el Toreo de la Condesa, el Estadio Nacional, el Reforma Athletic Club, el Frontón Metropolitano, el Parque Asturias, el Toreo de Cuatro Caminos, el Parque Delta…

Y sobre el inmueble de la Plaza México se cuestiona por ahí el: ¿por qué no han bajado El Encierro y colocado una marquesina luminosa propia de espectáculos? Y referente a las esculturas toreras que bordean la plaza, ¿les darán cuello y pondrán la de algunos metaleros o vedettes? No lo creo, porque ahora todas son anoréxicas y parecen palos de paleta, por lo que ni se verían arriba de los pedestales. Además, ¿pa’ qué meterle lentejuelas a un catafalco?

El derrumbe no será de inmediato, pues su vecino —el estadio de las patas— también correrá la misma suerte, pero esto no será antes del Mundial 2026, donde por solidaridad muy probable caerá la nunca mejor nombrada oncena de los Ratones Verdes, cuya autoría se le debe al maestro Manuel Seyde.

Coincidencias

Coincidencias entre ‘Manolete’ y ‘Joselillo’: ambos fueron españoles, idolatrados en México; los dos llevaban en su apellido el Rodríguez; ambas cornadas se  las dieron en el quinto de la tarde y con la muleta en mano; las heridas fueron en las piernas, y más aún en las derechas; el par murieron en hospitales a los días de haber recibido sus respectivas cornadas; los dos fallecen en 1947; los ternos trágicos de ambos eran color rosa; ‘Manolete’, en su última faena, ejecutó el pase invento del torero cómico ‘Llapisera’, popularizado por el torero serio, y el ‘tabaco’ de ‘Joselillo’ se produce al ejecutar la ‘Manoletina’; los libros póstumos como título solo llevan el nombre de los toreros, ‘Manolete’ y ‘Joselillo’, y fueron escritos por dos figuras de las letras: Filiberto Mira y José Ramón Garmabella.

Y en lo personal, ambos estaban comprometidos respectivamente con ‘Lupe’ Sino y con Aurora Segura, las dos nacidas en España; y otra coincidencia: ambas llegaron a las pantallas de plata.

Y cayendo en lo metafórico, la leyenda cuenta que los bureles ‘Islero’ y ‘Ovaciones’ no mataron a ‘Manolete’ y a ‘Joselillo’. Al primero, por su avaricia, lo sacrificaron el apoderado José Flores Cámara y su financiero Álvaro Domecq Díez, esto porque aquella temporada del cuarenta y siete sería la de la despedida del ‘mártir’; después, a vestirse de pingüino y su fortuna por matrimonio pasaría a su esposa o viuda. Así que, por las circunstancias, se piensa que los susodichos evitaron que la enamorada viera a su amor en el lecho mortuorio y ahí contrajeran nupcias.

Cámara y Domecq se sacaron de la manga que el diestro estaba inconsciente cuando, después de la operación, a las dos horas salió del shock. ¿Y si no? ¿Cómo pidió un cigarrillo?, ¿cómo dijo que le dolía la ingle?, ¿cómo dijo que no veía?, ¿cómo dijo que le dolían los riñones?, ¿cómo lamentó la angustia que sentiría su madre, doña Angustias?, ¿cómo dijo que ya se iba a morir? Todo ello en su lapso de conciencia, antes de que le aplicaran el plasma venenoso, aquel que guardaban desde la II Guerra Mundial.

Y a Laurentino López ‘Joselillo’ se lo cargó ese sector de público reventador de la Plaza México, ese que le gritó antes de la cornada mortal:
—¡Arrímate, payaso!

¡Venga la nostalgia!

Y a estas alturas usted se preguntará: ¿pa’ qué escribir de algunos que ya se palmaron hace tantos años?

Y es que, si no recordamos a los que ya partieron, habría que comenzar por retirar de las pantallas a ‘Cantinflas’ y a Pedro Infante, o la discografía de los enemistados José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández, quitándole a quienes no los vieron o escucharon la oportunidad de conocerlos y gozar con ellos.

¿Y qué les esperaría a los animalitos de Walt Disney, el que comprendió y respetó a la Fiesta Brava, de la cual trabó una sólida amistad con Carlos Arruza?

¿Y qué tal el inmenso Juan Gabriel, quien pa’ presentarse en Bellas Artes inspiró su vestimenta en una casaquilla torera, en azabache y oro?

¿Y qué decir de ‘Chabelo’, el gringo de nacencia, que fue tan gran aficionado que hasta una cornada traía en el pellejo?

Y a propósito de niños, un recuerdo de aquella tarde frente al monumento a Manolo Martínez en la Plaza México, cuando llegó un papá con su hijito. Este preguntó:
—¿Quién es?
Y el padre le contestó:
—Un Dios.
A lo que, al escuchar esto, el niño, como resorte, se arrodilló pa’ persignarse.

Y como nos hemos referido a las arrodilladas, viene oportuno aquello de:
“Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado” —Emiliano Zapata.

 

 ¿Concursos o Caldo gordo?

Los aficionados lo saben, lo saben… canta la ‘Sonora Santanera’ en ‘La Boa’. Y es que todos saben que la capital y algunas otras entidades han quedado viudas por la epidemia del clausuramiento de las corridas de toros.

Tal vez por ello un torero de la línea del pop ha lanzado una imploración que, a ningunos otros espadas, en quinientos años, se les había ocurrido.

Y es darle fuerza a nuestra identidad metafórica de ser descendientes de un águila y de una víbora nopalera. ¿Cómo lograrlo? Pues copando un pentagrama con algo que aluda a una fiesta moribunda como la que aquí se tiene. ¡Ah! Y se está ofreciendo una lana a quien la borde cañona.

Luego, como el trenecito del ‘Chocolate Express’, pero por otra vía, la que se suscribe como ‘Tauromaquia Mexicana’ lanza la iniciativa de la creación de un ‘ensayo’ y ‘cartel’ sobre el tema de los cinco siglos de lidiarse en ¿México?, a lo cual le empezó a dar carrete el finísimo investigador y erudito en arte, don Salvador García Bolio.

Y solo referir, pa’ aquellos que se vayan a echar el trompo a la uña, que, en el caso de lo musical, en esta tierra desde incontables ayeres existen un par de himnos de las inspiraciones de los maestros Agustín Lara y Tomás Méndez… nada más pa’ que les midan el agua a los camotes.

De los ensayistas, ojalá honren con talento a quienes hay que mirar pa’ arriba, por citar algunos iluminados como Juan de Marchena y José Pagés Rebollar. Y pa’ quienes van a calmar sus ansias con lo del cartel, si van a crear una pintura santígüense, primero volteando a ver a los genios Pancho Flores, Antonio Navarrete, Reynaldo Torres…

                                                La Rememoración

Por ahí andan volando alegres serpentinas y confetis que dicen: “Celebración de los Quinientos Años de Tauromaquia en México” (huérfana de madre y de hermanas).

Si México toma su registro como país en 1821, ¿de dónde sale lo de los 500 años?, ¿de alguna escuela o universidad de la 4T?, a bla, bla, bla…

Sea como sea, si andan prendidos a lo que les han contado de esas fechas, ¿Por qué como rememoración no organizan un festejo en Veracruz, que es por donde entraron los primeros toros, o en la plaza de Cañadas de Obregón, en Jalisco, que es la más antigua en estas tierras?

Esto porque en la antigua Tenochtitlan, concretamente en la Plaza del Marqués —que estuvo donde está ahora la Catedral y que se supone fue el sitio donde de inicio echaron capa—, sería un sueño guajiro.

El cartel, sin regateos, con toros de Atenco por su antigüedad; el valor lo pondrían ‘Jerónimo’, con su mexicanidad, y Juan Luis Silis, que es un torero charro; y en representación de los conquistadores, que han sido más que figuras aztecas, el embajador Enrique Ponce…

Y pa’ los puristas que respinguen, ¿Qué tal si se fuman un purito despacito, como el que Roca Rey le propuso al bien alabado Morante?