jueves, 26 de febrero de 2026



Una muestra de lo natural de Donaciano en este ‘natural’ con la capa, 

creado por la naturalidad de César Rincón.

‘Nada de Nada’ 

El Bardo presentó su libro

Don Botello y Páez, su arte

Situémonos en una de esas noches en las que la lunera no calienta, pero incita a la calentura; y pa’ que se nos baje, ejemplifiquemos cómo escriben los extorsionadores de las letras, que a falta de un billetillo o bolillo que les tiren al piso los chulos que castigan, solamente garabatean con desdén eso de que en cierto lugar fue presentado el libro ‘Nada de Nada’, de la autoría del muy frecuentemente aborrecido ‘Burdo’, apodo que le fue endilgado por Leonardo Páez, el autonombrado ‘Hijo del Hombre’.

Sobre el libro, decir que la presentación estuvo llena de pompas de jabón y medias de aserrín con anilina, como era costumbre en el ‘Toreo de la Condesa’ en las tardes de petardos. El show ocurrió sobre las cuatro de la mañana del presente calendario, donde el escribano sorprendió con una portada, lomo y contraportada que de inmediato intrigaron por su transparencia, sin algún óleo o acrílico de los maestros Jorge Matchain, Fco. Álvarez, Ricardo Guevara, Juan Antonio Ruiz, Escamillo Art., que son asiduos en las coloridas presentaciones de libros de la misma reata. 

Los fantasmagóricos de la legua, cuidando las formas como lo hacen los fifiruchos en sus presentaciones color de rosa con sonido de sonajas, que se organizan ellos mismos pa’ auto aplaudirse con sus manitas salidas de entre el tul de sus mangas, caterva que nadita tiene que ver con los reales protagonistas de la sociedad; porque, de ser así, la Fiesta sería totalmente elitista cuando lo es de masas.

 Pero ¡cuidado!: ya se les están colando rémoras sin apellido, sin sangre pura, sin taurinismo, con solo oportunismo.

 En la imaginación se escuchaban languidas gaitas que revivían la musicalización de aquella novela ‘El Fantasma de la Ópera’; sobre ella montada la voz del sereno que recibía al incendiario ‘Demonio de Pasiones’, el que, dicho sea, no necesitaba que le abrieran ‘La Puerta Grande’, pues en eso de puertas era experto, ya que a muchos les cerró la de cuadrillas, no porque les temiera en el ruedo, sino solo porque se le daba la gana.

Y un inciso pa’ recordar cuando ‘El Mandón’ no pudo mandar cerrarle la puerta al oriundo de Zahara de los Atunes, en Iberia, y enfadado preguntó:

—¿Qué tiene ‘Paquirri’ que no tenga yo?

—Es un padrote de siete suelas.

—Banderillea arrasando con todo.

—Y tiene un estoque de fuego.

—¡Ay carajooo!… No entendió el doble sentido.

Mas vaya sorpresa: todas las hojas vienen en blanco. No hay nada que leerles porque no hay nada de qué escribir.

¿Pero qué no se supone que este libro sería una crítica objetiva sobre la Fiesta capitalina, la que ha dado héroes como la albañilería que levantó ‘El Embudo de la Nochebuena’ sin la tecnología del presente; cubeteros y expendedores de almohadillas y pepitas a los que hasta una propina se les ha negado; ídolos como los tres regios —Garza, Martínez y Cavazos— serían un buen ejemplo; figuras tal cual ‘El Zotoluco’ y José Adame, casi los únicos; mártires como José Rubén Arroyo y Arturo Macías, que por fortuna viven pa’ presumir su hombría? 

¡Sí!, sobre de eso trataría la obra, que empezaría por el final, que en la capital está fenecido. 

¿Será que últimamente nos han estado poniendo los cuernos? Y en efecto: No hay nada de nada.

Ya van a dar las cinco de la madrugada. El Bardo, raro en él, está gozoso, pues la presentación se dio sin codazos por agandallarse los bancos del centro, sin faramallas, sin aplausos sacados con tirabuzón, sin melcocha. La retórica, en menos de un minuto: 

¿Usted puede no criticar una Fiesta que necesita de un movimiento, donde tienen un “Presidente Vitalicio”, sujeto a meter el guarache en cualquier momento, como cuando nos serrucharon la Fiesta, y seguir ahí, error tras error? 

Y si a eso le agregamos que ahora los cronistas tienen que recurrir a la novela, los pintores ya no tienen inspiradores, los fotógrafos el trapío en puntas solo lo pueden captar en Insurgentes, Tlalpan o Sullivan, lo que nos lleva a pensar que estamos viviendo una Fiesta de inventores. ¡Cuidemos a los que tienen talento! 

Así de breve, porque los murciélagos en la oscuridad se alebrestan, no como las luciérnagas que llegaron tranquilas desde la dehesa de ‘La Joya’; la lechuza coqueteándole toda la noche a ‘Los Dos Búhos’, los que abrieron el primer hospital de anteojos en los años treinta; ‘La Gata Bajo la Lluvia’, dispuesta a entregarse al menor cite; un aplauso pa’ el sapo que por respeto en toda la madrugada no eructó; el vampiro, que es marqués de Bacardí, preguntó: ¿No nos estaremos engañando pensando que ‘La México’ reencarnará?... Pues eso que nos lo conteste el inmenso Rubén Fuentes con su ‘Flor sin retoño’, donde dice: “esa flor ya no retoña, tiene muerto el corazón”… gemía Pedrito, el de Huamúchil.

Antes de que se nos pase, decir que los meseros charolearon: tostadas de maíz azul con caviar y huitlacoche, acompañadas de ‘París de Noche’, ‘Noches de Pasión’ y ‘Curado de Zapote’.

Esto hasta que llegaron ‘Las Mariposillas de la Noche’ y cada uno se colgó de su alcayata, ya que como no hubo libros que regalar, la casa se puso guapa con los cachuchazos. 

 

                                                           Arte fotográfico: Botello

                ‘Don Botello’ y Páez, rebosantes de arte 

Si usted desea ir tras ‘Las Minas del Rey Salomón’, pues se abrocha su cinturón y a volar hasta la parte baja de Israel, donde se encuentra el Valle de Timna, y ya llegó; pero si lo que desea es dar con verdaderas joyas taurinas, comenzando con las de carne y hueso, pues a sacar la lupa y buscar a los verdaderos atesorados, como el legendario fotógrafo y museografista, el “patzcuarense” Donaciano Botello, hijo predilecto de la Fiesta calé, a la que recién le montó un acto de luces en la Casa de la Cultura de Celaya, Gto.

Pa’ lo cual, en esa ocasión, llevó a su vera, en la cuestión del léxico, a quien no necesita panegíricos: Leonardo Páez, en lo que se tituló como ‘Los Mejores Pintores de México’ (difuntos), más un pintor del Bajío como muestra de que la mata sigue dando; se trató de Juan Antonio Ruiz, pincel sobrado de intensidad a través de sus lienzos.

‘Don Botello’ fue, por decisión propia del ‘Mandón’ Manolo Martínez, uno de sus fotógrafos oficiales de sus hazañas, del que hasta un libro de gran formato le hizo, después de haberlo apantallado con el primer revelado que,  transformado en fotografía, revivía un estoconazo, el que fue cobrado con dinero del azar ganado con las cartas sobre la mesa… así se las gastan las figuras, ambos dos a la par juntos.

Mas la máxima anécdota —que más bien es historia— de este maestro del clic lo fue la tarde que, estando en el callejón de la Santa María de Qro., un toro saltó al callejón y ‘Don Botello’ lo vio lejano a donde él se encontraba y no tomó en cuenta que el burel ya venía a todo galope; y cuando apresuradamente trató de saltar al ruedo, la correa de su cámara se atoró con algo en las tablas del lado interior, quedando su cuerpo mitad mirando al estribo y la otra mitad colgada hacia adentro del callejón, en donde el toro, al verlo, le aventó la cornamenta, abriéndole la pierna a lo lindo en un par de cachos que casi se juntaron, acabalando el medio metro.

Y con la fuerza del testuz el burel mandó a ‘Don Botello’ al ruedo, mientras iba tras él solventando puertas y trancas. Un banderillero le grita: ¡salta!, ¡salta!, pero el maestro fotógrafo ya no podía mover el esqueleto, cuyo forro de carne aventaba sangre a raudales; por lo que el subalterno, en una maniobra llena de milagrería, logró pescarlo del chaleco invernal y con toda la fuerza pudo pasarlo del otro lado, al tiempo que al tercer gañafonazo retumbaban las tablas.

El Dr. Alcocer, como pleonasmo, bordó con arte al arte mismo, después de haber descubierto las dos trayectorias que, si hubiera sido otro menos ducho, hubiéramos escrito un epitafio:

Se fue al cuarto oscuro,

iluminado por lo preciso de sus disparos,

que a buen puerto lo llevaron,

porque donde vivimos es un infierno.

Busque la exposición en internet, donde salen todas las obras exhibidas; le recomiendo las del gitano Jamaica, quien toreaba a la vida dentro de un pomo y por eso sus pinturas son tan pulcras; y además ahí conocerá al hombre que vivió pa’ contarla y fotografiarla a toda velocidad, emulando a Isaac del Toro.


Arte: Gerardo Jamaica

lunes, 2 de febrero de 2026

 

      Arte: Rafael Guízar

Plaza México
‘Me despertó la realidad’
Juan Gabriel

Sentí tristeza al comprender que no fue un sueño…

Bardo 2026

Entre los diamantes de la luna,
oscila una tierra brava y apasionada,
que en su girar se hizo Fiesta torera,
pinturera y ahora altar sin veneración.

Por estas fechas hay que sacar el chal azul con los claveles reventones de la abuelita ¿Conchita?, o del baúl de la nostalgia de Don Susanito, o de ‘El Jitomatero’, o de ‘El Pato’, o de ‘El Teniente’, o de ‘El Charro’, o de Doña Gloria Rizo, pa’ orear el hecho de que la ‘Plaza México’ está cumpliendo ochenta años, muchos de ellos de no dar a luz figuras de luces, ni tampoco luminarias como lo fueran ‘María Candelaria’ o ‘María Bonita’, las de los anecdotarios, como cuando:

La duranguense por la mañana diría:
—Va a ir a los toros con nosotros la princesa Soraya, así que llévate unas latitas de pistaches y de nuez de la India…
Y la emperatriz se la pasó degustando pepitas.

Ya luego vino la época de las vacas flacas y la pregunta ahí seguirá: ¿quiénes volvieron vulnerable a la Fiesta y a la Plaza México?

Y como a alguien hay que cargarle el petate del muerto, veamos si hay carpetas de investigación a nombre de algunos de estos individuos (todos con sus excepciones):

1.    Ganaderos; que bajaron la bravura, le sacaron la lengua al trapío; sus seleccionados llegaron a levantar sospechas de cachirules y nunca dijeron que sus reses salían al ruedo más peluqueadas que un sardo en desfile, aunque la higiene del miedo o fraude se la hayan aplicado fuera de sus terrenos.

2.    Toreros; que ignoraron aquello de “que la vida no vale nada” y, por ende, no se la jugaron como lo mandaba José Alfredo, el que está cumpliendo cien años de parido.
Y lo peor, toreros: ¿por qué se prestaron en ocasiones a lidiar bichos a los que había que matar en el corral con Raid mata-bichos?, ¿por qué ningún coleta salió al tercio y desde ahí negarse a dar un solo trapazo y que los azules se llevaran al bote a todos los jueces y a los chupáramos disque de la comisión por solapar fraudes?

3.    Empresarios; que se hicieron de ganado en el outlet y, por otro lado, trajeron a individuos vestidos de toreros que no toreaban, no transmitían y menos atraían.

4.    Público; que nunca supo rechazar carteles y se conformaba con: “de lo perdido, lo que aparezca”.

5.    Jueces; que permitieron que la puerta de toriles no lo fuera.

La respuesta fue: a los citados en su casa los han de conocer y les hablan de tú.

¿Y qué pasó con los que iban a defender a ultranza a la Fiesta y a las plazas?, ¿o qué, Arroyo no cuenta? Si a la plaza, como en tiempos de la Revolución, donde existía un líder, un cabecilla, hasta un porrista del Atlante, que debió de tener la trinchera en los tendidos de la plaza. Pero ¡no! ahí estaba el consentimiento salteadito de asientos. ¿Quién se iba a meter con una masa de cuarenta mil almas que cada domingo hacían estallar el incontenible ‘Volcán de concreto’ de la Noche Buena?

Que se organizó una marcha, sí, pero no la revolución dentro de la plaza, con el animal ese que es una fiera, el que sube el miedo al tendido, siquiera pa’ espantar a la señora que se la pasaba tejiendo o al tipo que resolvía el crucigrama. Por eso el dictamen fue: murió de aburrición. Ya después nomás la sacaron del recinto… popcorn, kisses, tampax, conejitos de chocolate…

Singin in the rain.

Y ahora vamos con la convocatoria a escribir un himno taurino de México que lanzó el torero Isaac Fonseca, el que irá a la ‘Feria de San Isidro 2026’, a la que tiene que ir a colgarse de los pitones y, si es necesario, sacrificarse en ellos o jugársela. Y a ver si pega con esa forma de torear y de conducirse al estilo pop, y luego a reventar los morrillos pa’ catapultarse hasta el dintel y salir por entre las jambas de la Puerta Grande de la plaza de Las Ventas de Madrid.

Y aclarar que es casi obligación que tiene el michoacano de salir en volandas; nadie se la impuso más que él, el que ha divagado por todos lados reclutando catervas que le hacen el caldo gordo a su promoción personal. Más una tarde el toro le va a preguntar: ¿usted es matador o promotor? Y si la respuesta no gusta, va a volar más alto que los juguetitos de la NASA, los que cuando se salen de órbita bajan bastante desquebrajados. Y si le agregamos las consecuencias de los aterrizajes… en una de esas ni queda huella, diría el Bronco.

¿Y pa’ ahorrarle lectura se podrían incluir aquí las solicitudes de ‘¿Tauromaquia Mexicana’ pa’ un ensayo y un diseño, relacionados con el alboroto de los quinientos años de echar la capa aquí? Nada más una observación: si México fue declarado país en 1821, ¿de dónde salen los quinientos años? Y ya metidos en el enredo de las cifras, si España se constituye como tal en 1812, ¿de qué origen fueron los primeros toros que llegaron aquí en 1526?

Esto de andar rascándole a la historia sin tener comezón va a dar como resultado que se infle eso de las corridas incruentas, que fueron las originales, pues ahora se sabe que los primeros animales no se pasaportaron; de ser así, se hubiera terminado la materia prima rapidito.

Quinientos Años Pozolero

Ahora los invito, más seguro, más marrado, a celebrar los quinientos años y más del pozole, que esos naiden los puede objetar, pues desde en denantes, que los de allende del mar arribaran por acá, ya el dios Xipe Tótec era acreedor a que en su honor, Moctezuma y la raza se zumbaran unas jícaras con pozolli, aderezado con carne humana o de xoloitzcuintle. Y luego los de Iberia, esos que usan sotanas, se pasaron por debajo de ellas un precepto bíblico sobre las pezuñas divididas y el no rumiar de los cerdos… y los guisaron.

 


miércoles, 14 de enero de 2026

 


Narrativa multilíneal
El ayer sobre el hoy
Bardo de la Taurina

 

Plaza México
Lo que sería el nuevo auditorio

 

De rodillas
Las ‘suertes’ y las imposiciones

 

‘El Soldado’
El que más llegó a cobrar

 

Extraño ladrar
¿Pa’ qué sirve la libertad?

 

Coincidencia

                                             ‘Manolete’ y ‘Joselillo’

 

¡Venga la nostalgia!
¿Pa’ qué escribir de los palmados?

 

¿Concursos o Caldo gordo?
Estrellas por un día

 

La Rememoración
500 años muy ojones pa’ paloma

                                      Plaza México

Como pa’ el Mundial 2026 los cálculos no renales —que esos vendrán cuando les fallen los otros— dicen que llegarán al país 5,000,000 de visitantes, esto según la ganadera o heredera de Atlanga y/o secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez Zamora. En el improbable caso de que así sea, sobradamente alcanzaría pa’ unos seriales, en el interior, además como ya estamos en el año de meter la pata fuerte hasta se podrían aventar un golazo usando la plaza mayor pa’ instalar unas pantallas gigantes los días de la ola verde con los chíngueres de todos sabores.

Y perdóname, Santo Niño de Atocha, si por andar dando ideas nos salen con unas incruentas y aquello termina como El Rosario de Amozoc. Y es que hay que cuidar el recinto, porque pudiese ser que, una vez rasurados los generales, la parte de numerados y el ruedo, ya sin tablas y sin gorrones, podría convertirse en el Auditorio Las Brisas.

Con un escenario giratorio pa’ que luzca ‘Bad Bunny’, y en otros días darle usos múltiples: Pista de patinaje sin frío, exposiciones de toda índole, concursos amañados dirigidos por nuestra ‘Miss Universo’, y hasta instituir los jueves Las Noches de Table Dance, al compás del álbum Erótica de ‘Madonna’, con las que las figuras harían el paseíllo en tangas de luces pa’ después cargar la suerte al natural.

Eso sí, se cuidará el trapío —bueno, la percha— pa’ que el público pueda sacar los pañuelos blancos pidiendo el rabo, digo, por aquello de los recuerdos.

De rodillas

De José Alfredo Jiménez, ‘El Rey’, el del sombreroté de charro y el sarape multicolor más grande del mundo —que en sí son su mausoleo—, este apachurra teclas le tomó eso de andaba volando bajo, muy lejos del cielo… Lo que ocurrió al tratar de recetarles a sus fantasmas unos “Doblones”, rodilla en tierra, buscando la bragada con la lengua de la espada (pa’ pincharlos y provocarles un derrote violento), luego enfrontilarlos y, de “Dentro a Afuera”, darles pa’ sus tunas, rematándolos con unas “Ballestillas”. Y ahí fue cuando se vio en posición de genuflexión el aludido.

Y a propósito de una rodilla en la arena, o las dos, pa’ ejecutar algunas suertes del toreo —las que se dan por gusto, por recurso, por temeridad y hasta por necesidad de prender al público— ¡olé y olé!

O hincar una pierna pa’ las chiras pelas… pues suerte con el hoyito.

Pero que por exigencia de la sumisión los fieles tengan que genuflexarse o arrodillarse y besuquearles la mano a los de las sotanas, sean blancuzcos, apiñonados o patas rajadas como ese que tuvo en su ocaso la Plaza México… ¡qué horror!

¿Quiénes se creen que son? Ni que fueran Silverio Pérez con sus manos magistrales después de ‘Tanguito’, a las que honró Jorge Negrete, o Nat King Cole, que a Agustín Lara le besó esas manos capaces de escribir maravillas como: Silverio, Novillero, Fermín… o aquel pasodoble no muy afortunado al que pa’ sacarse la espina le dio un vástago chulapo. ¿Sabe usted cómo lo tituló?

No deseo decir que el longevo estuvo como lagartija, porque eso nos remitiría a ‘Lagartijo’, que fue un inmenso. Por ello lo nombraron el ‘Primer Califa’ de los cinco que a pulso se ganaron ese honroso título regional de Córdoba, España.

Y cómo no recordar que, en Linares, en la ‘Taberna Lagartijo’, se encuentra (o va) la cornamenta de ‘Islero’, que fue lo único que se conservó del toro que se cargó a ‘Manolete’. Esto con sus reservas, porque en el destazadero los tablajeros echaban a un rincón los pitones de toda la corrida —en este caso la de Miura— y no separaron los fatídicos de los otros, pues en aquellos momentos no se pensaba que el negro, entrepelao y con bragas, pasaría a la historia oscura.

Y pa’ no pecar de malinchismo, hay que decir que México alcanzó a tener cuatro ‘Califas’, juntando a los de varias regiones en las figuras de: ‘El Indio Grande’, ‘El Maestro de Saltillo’, ‘El Ciclón’ y ‘El Mandón’. Bueno, hasta aquí, porque el Quinto Califa todavía no nace… o ¿anda por ahí becerreando?

Aquí bien podrían caber, de hecho, dos casos de figuras que, muy quisquillosamente, si acaso les faltó el peso del mando:
‘Pepe’ Ortiz —su toreo se le puede relacionar con la poesía de Ramón López Velarde— y Silverio Pérez —mexicanísimo en su persona y de profundas raíces españolas en su arte… un torero de gran expresión—.
Citas de José Alameda, en su libro
La pantorrilla de Florinda y el origen bélico del toreo, Editorial Grijalbo.

 

‘El Soldado’

Abramos ‘La Casa de la Bandida’, la que estuvo frente al ‘Toreo de la Condesa’, cuya mandona —no madona— lo fue Graciela Olmos, quien le compuso un corrido a ‘El Soldado’, el que ahí se vestía de luces pa’ luego cruzar la calle de Durango, mientras ‘Ámbar’, un parguelas que por las noches se vestía de la aguja, se las ingeniaba pa’ parar el tránsito.

Y la gente gritaba:
—¡Te vas a salar, Soldado!

Y al terminar la corrida regresaba a derramar la marmaja, que era mucha, pues a decir del propio matador fue el que más cobraba en aquella época.

Agregaba Luis Castro que, aunque salió de la miseria, también conoció la suerte, como cuando el empresario metropolitano lo quiso debutar como novillero y le dijo:
—Espéreme un año porque estoy flaco y sin fuerzas
Y lo esperó. (1932)

Y recordaba, dentro de la desgracia, que pa’ él fue el toro ‘Cálao’, de Piedras Negras, el que le pegó aquel femoralazo que requirió de cinco drenes simultáneos. De Casa de la Bandida, aquellas beldades —ligeras como las luciérnagas de la noche, otras frondosas como la primavera—, eso sí, toítas bien torneadas, con carnes macizas, coquetas hasta la peineta, diosas de la seducción y alquimistas de ese aroma atrapador… ¡sí, ellas! le llevaban la comida calientita acompañada de unos fogonazos que, decía, fueron los que le ayudaron a no perder no solo la pierna, sino la vida.

Y a propósito del torero que no nació en Mixcoac sino en Niño Perdido:
—¿Cómo era eso de los “medellines” en ‘Casa de la Bandida’?
—¿De qué número calzas?
—Del seis.
—Entonces, ¿pa’ qué preguntas de los del diez?

Decir que en esa casa de citas —donde no se necesitaba cita sino parné— ‘El Soldado’ presentó a ‘Manolete’ con Agustín Lara, quien a partir de ese momento le fue ilustrando sobre el mapa español. Y pienso que el músico ha de haber orientado al coletudo sobre quiénes daban los mejores “Do de pecho” de aquellas a las que les decía musicalmente: vende caro tu amor, aventurera (la inflación siempre encareciendo los lujos).

A propósito de ‘Manolete’, ¿Cuándo confirmó en la Plaza México?

—Maestro.
—Eso no lo soy, porque nunca he pegado tabiques.
—¿Cuál ha sido el momento más recordado en su vida?
—Cuando sobre mis hombros cargué el féretro de ‘Manolete’.

Gratitud al matador Luis Castro y a doña Gloria Rizo.

 

Extraño ladrar

Don Aurelio Pérez ‘Villamelón’, quien lograra la primera transmisión al alimón con Pepe Alameda desde la Plaza México, contaba aquella fábula del Perro que brincó el Muro de Berlín, que más o menos va así:

—Todo sucedió cuando un perro que estaba del lado comunista decidió saltar al otro lado del muro.
—Y un perro vecino le preguntó: ¿por qué has saltado a este lado?
—Porque extraño ladrar.

Y versando sobre la libertad, ¿qué le van a hacer los puyazos majaderos al empresario? Que en el caso de Mario Zulaica se los lanzan por lo guapo que es (lejía pa’ la envidia), y menos a los dueños de una mole de concreto como lo es la Plaza México, que de todas maneras harán con ella lo que más les convenga, como sucedió con el Toreo de la Condesa, el Estadio Nacional, el Reforma Athletic Club, el Frontón Metropolitano, el Parque Asturias, el Toreo de Cuatro Caminos, el Parque Delta…

Y sobre el inmueble de la Plaza México se cuestiona por ahí el: ¿por qué no han bajado El Encierro y colocado una marquesina luminosa propia de espectáculos? Y referente a las esculturas toreras que bordean la plaza, ¿les darán cuello y pondrán la de algunos metaleros o vedettes? No lo creo, porque ahora todas son anoréxicas y parecen palos de paleta, por lo que ni se verían arriba de los pedestales. Además, ¿pa’ qué meterle lentejuelas a un catafalco?

El derrumbe no será de inmediato, pues su vecino —el estadio de las patas— también correrá la misma suerte, pero esto no será antes del Mundial 2026, donde por solidaridad muy probable caerá la nunca mejor nombrada oncena de los Ratones Verdes, cuya autoría se le debe al maestro Manuel Seyde.

Coincidencias

Coincidencias entre ‘Manolete’ y ‘Joselillo’: ambos fueron españoles, idolatrados en México; los dos llevaban en su apellido el Rodríguez; ambas cornadas se  las dieron en el quinto de la tarde y con la muleta en mano; las heridas fueron en las piernas, y más aún en las derechas; el par murieron en hospitales a los días de haber recibido sus respectivas cornadas; los dos fallecen en 1947; los ternos trágicos de ambos eran color rosa; ‘Manolete’, en su última faena, ejecutó el pase invento del torero cómico ‘Llapisera’, popularizado por el torero serio, y el ‘tabaco’ de ‘Joselillo’ se produce al ejecutar la ‘Manoletina’; los libros póstumos como título solo llevan el nombre de los toreros, ‘Manolete’ y ‘Joselillo’, y fueron escritos por dos figuras de las letras: Filiberto Mira y José Ramón Garmabella.

Y en lo personal, ambos estaban comprometidos respectivamente con ‘Lupe’ Sino y con Aurora Segura, las dos nacidas en España; y otra coincidencia: ambas llegaron a las pantallas de plata.

Y cayendo en lo metafórico, la leyenda cuenta que los bureles ‘Islero’ y ‘Ovaciones’ no mataron a ‘Manolete’ y a ‘Joselillo’. Al primero, por su avaricia, lo sacrificaron el apoderado José Flores Cámara y su financiero Álvaro Domecq Díez, esto porque aquella temporada del cuarenta y siete sería la de la despedida del ‘mártir’; después, a vestirse de pingüino y su fortuna por matrimonio pasaría a su esposa o viuda. Así que, por las circunstancias, se piensa que los susodichos evitaron que la enamorada viera a su amor en el lecho mortuorio y ahí contrajeran nupcias.

Cámara y Domecq se sacaron de la manga que el diestro estaba inconsciente cuando, después de la operación, a las dos horas salió del shock. ¿Y si no? ¿Cómo pidió un cigarrillo?, ¿cómo dijo que le dolía la ingle?, ¿cómo dijo que no veía?, ¿cómo dijo que le dolían los riñones?, ¿cómo lamentó la angustia que sentiría su madre, doña Angustias?, ¿cómo dijo que ya se iba a morir? Todo ello en su lapso de conciencia, antes de que le aplicaran el plasma venenoso, aquel que guardaban desde la II Guerra Mundial.

Y a Laurentino López ‘Joselillo’ se lo cargó ese sector de público reventador de la Plaza México, ese que le gritó antes de la cornada mortal:
—¡Arrímate, payaso!

¡Venga la nostalgia!

Y a estas alturas usted se preguntará: ¿pa’ qué escribir de algunos que ya se palmaron hace tantos años?

Y es que, si no recordamos a los que ya partieron, habría que comenzar por retirar de las pantallas a ‘Cantinflas’ y a Pedro Infante, o la discografía de los enemistados José Alfredo Jiménez y Vicente Fernández, quitándole a quienes no los vieron o escucharon la oportunidad de conocerlos y gozar con ellos.

¿Y qué les esperaría a los animalitos de Walt Disney, el que comprendió y respetó a la Fiesta Brava, de la cual trabó una sólida amistad con Carlos Arruza?

¿Y qué tal el inmenso Juan Gabriel, quien pa’ presentarse en Bellas Artes inspiró su vestimenta en una casaquilla torera, en azabache y oro?

¿Y qué decir de ‘Chabelo’, el gringo de nacencia, que fue tan gran aficionado que hasta una cornada traía en el pellejo?

Y a propósito de niños, un recuerdo de aquella tarde frente al monumento a Manolo Martínez en la Plaza México, cuando llegó un papá con su hijito. Este preguntó:
—¿Quién es?
Y el padre le contestó:
—Un Dios.
A lo que, al escuchar esto, el niño, como resorte, se arrodilló pa’ persignarse.

Y como nos hemos referido a las arrodilladas, viene oportuno aquello de:
“Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado” —Emiliano Zapata.

 

 ¿Concursos o Caldo gordo?

Los aficionados lo saben, lo saben… canta la ‘Sonora Santanera’ en ‘La Boa’. Y es que todos saben que la capital y algunas otras entidades han quedado viudas por la epidemia del clausuramiento de las corridas de toros.

Tal vez por ello un torero de la línea del pop ha lanzado una imploración que, a ningunos otros espadas, en quinientos años, se les había ocurrido.

Y es darle fuerza a nuestra identidad metafórica de ser descendientes de un águila y de una víbora nopalera. ¿Cómo lograrlo? Pues copando un pentagrama con algo que aluda a una fiesta moribunda como la que aquí se tiene. ¡Ah! Y se está ofreciendo una lana a quien la borde cañona.

Luego, como el trenecito del ‘Chocolate Express’, pero por otra vía, la que se suscribe como ‘Tauromaquia Mexicana’ lanza la iniciativa de la creación de un ‘ensayo’ y ‘cartel’ sobre el tema de los cinco siglos de lidiarse en ¿México?, a lo cual le empezó a dar carrete el finísimo investigador y erudito en arte, don Salvador García Bolio.

Y solo referir, pa’ aquellos que se vayan a echar el trompo a la uña, que, en el caso de lo musical, en esta tierra desde incontables ayeres existen un par de himnos de las inspiraciones de los maestros Agustín Lara y Tomás Méndez… nada más pa’ que les midan el agua a los camotes.

De los ensayistas, ojalá honren con talento a quienes hay que mirar pa’ arriba, por citar algunos iluminados como Juan de Marchena y José Pagés Rebollar. Y pa’ quienes van a calmar sus ansias con lo del cartel, si van a crear una pintura santígüense, primero volteando a ver a los genios Pancho Flores, Antonio Navarrete, Reynaldo Torres…

                                                La Rememoración

Por ahí andan volando alegres serpentinas y confetis que dicen: “Celebración de los Quinientos Años de Tauromaquia en México” (huérfana de madre y de hermanas).

Si México toma su registro como país en 1821, ¿de dónde sale lo de los 500 años?, ¿de alguna escuela o universidad de la 4T?, a bla, bla, bla…

Sea como sea, si andan prendidos a lo que les han contado de esas fechas, ¿Por qué como rememoración no organizan un festejo en Veracruz, que es por donde entraron los primeros toros, o en la plaza de Cañadas de Obregón, en Jalisco, que es la más antigua en estas tierras?

Esto porque en la antigua Tenochtitlan, concretamente en la Plaza del Marqués —que estuvo donde está ahora la Catedral y que se supone fue el sitio donde de inicio echaron capa—, sería un sueño guajiro.

El cartel, sin regateos, con toros de Atenco por su antigüedad; el valor lo pondrían ‘Jerónimo’, con su mexicanidad, y Juan Luis Silis, que es un torero charro; y en representación de los conquistadores, que han sido más que figuras aztecas, el embajador Enrique Ponce…

Y pa’ los puristas que respinguen, ¿Qué tal si se fuman un purito despacito, como el que Roca Rey le propuso al bien alabado Morante?