jueves, 23 de noviembre de 2017

ANTES DEL PUNTILLAZO, LA PURA VERDAD


La no planeación de la temporada de novilladas en la Plaza México,  no se iba a quedar sin consecuencias y una de ellas es que el serial  de invierno tuviese que esperar turno de arranque hasta el domingo pasado, fecha en la que se subrayaron varias cosas, la primera es que el copete del embudo de concreto sigue siendo desairado, la otra situación pues fue la reiteración de que el    ‘Juli’ sigue haciendo lo que se le da la gana, como lo demostró al llevar un encierro que no le apretara y llevársela templadita, o como dicen por acá; peladita y en la boca, luego pidió que le completara  la marquesina un toreo al que ahora los españoles lo están agarrado pa’ ir cómodos J. G. Adame Montoya.

Mas como en este país todavía hay críticos serios y creíbles, el lunes se hicieron sentir las criticas verdaderas, esclarecedoras, coherentes, libres,  que brotaron de mentes excelsas ¡sí! pero también puras, sencillas y es que las evidencias cuando se están viendo, no hace falta mucho pa’ llamarlas por su nombre y así lo hicieron, primero en la plaza quienes tienen conciencia de que la fiesta antes que nada requiere de un animal con bravura, la que se tiene o no se tiene y es la que da pie a que surja  el poderío,  el arte, la técnica, la  enjundia y desemboque en la  aceptación, por eso lo que hizo ‘Juli’, como no lo hizo ante un toro con bravura, es como no haber hecho nada.

Y esa palabra aceptación, es la que no se dio el domingo, pues la gente en buena tajada no acepto el comportamiento de los toros, dóciles, sosos, bobalicones, sonajeros, metiendo por delante la lengüita y  decir que la sobrada comodidad del madrileño, no vale lo que se paga por verlo, el caso de J. G. Adame Montoya, va en el tenor de que por principio de cuentas no es un torero para la plaza capitalina, por la forma en que ejecuta sus rutinas y si a ello le sumamos sus expresiones fuera de cacho y las expresadas por  sus defensores que van desde señalar que la afición se portó injusta o aquellas otras que califican al público, que no aprueban al torero como reventadores y cobardes, cuando precisamente por no haber reventado al sistema desde hace años, está la fiesta, como está.











Por ello antes del puntillazo letal,  hay que pugnar porque si ésta se va acabar lo sea siendo una fiesta verdadera en el toro, en los toreros, en las plumas y micrófonos, para que el día de mañana nadie se avergüence de nosotros.



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